Feliz año nuevo en tiempos de Covid-19

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Imagen de Tumisu en Pixabay

Este ha sido un año poco tradicional, ha sido el año del Covid-19, de las mascarillas, de las cuarentenas, de las ambulancias sonando y del distanciamiento físico. El 2020 fue uno de esos años, en que pese a la vanguardia de la tecnología y los avances científicos, nos hizo ver la fragilidad de la vida y de los sistemas sociales.

La expansión del virus a nivel mundial dejó al descubierto que hay aspectos muchos más importantes que las «necesidades» o mejor dicho vanidades que la sociedad actual nos exige. Es claro que poder respirar es mucho más importante que un teléfono a la vanguardia. Es claro que para cualquier gobierno es más útil un sistema de salud a la vanguardia que competir en la carrera armamentista.

Sin embargo, surgen las preguntas ¿Ha provocado esta crisis sanitaria un cambio profundo en la humanidad? y con la llegada del 2021 ¿Se buscará ser mejor de lo que éramos antes del Covid-19? y es que ser mejor no es fácil, requiere esfuerzo, propósitos claros, disciplina, superar el pasado, integralidad; y sobre todo, deseo de cambio.

Tristemente no hay señales de transformación, la humanidad olvida fácilmente y poco a poco retomamos nuestros modos de vida destructivos y nocivos para la humanidad, las sociedades y el medio ambiente. A medida nos acercamos al nuevo año, nos alejamos del cambio y de la oportunidad de ser mejores.

El Salvador es una de esas sociedades dividida por la desigualdad, la violencia y la falta de empatía; y tras ser víctimas del Covid-19, seguimos siendo la misma sociedad construida con bases de odio y división. Seguimos siendo una sociedad violenta, depredadora, de doble moral y manipulable.

Iniciamos el 2021 con un período electoral, y pese a que el riesgo del virus sigue latente, parece que en el país importa más la lucha por los colores partidarios. Los eventos partidarios están a la vuelta de la esquina y las aglomeraciones son la normalidad cuando no es responsable ni la población en general ni las cúpulas partidarias.

Bajo ese panorama nos encontramos bajo una lucha incansable donde muchos peleamos por unos pocos «que nos representan». Lamentablemente ese ahínco con el que se defiende a los candidatos políticos desaparece cuando debemos luchar contra la violación a los derechos humanos, la desigualdad, la explotación de recursos ambientales, la destrucción del patrimonio cultural y otro sin fin de males que aquejan a nuestro país. Es allí cuando esperamos que otro haga la lucha por un año mejor.

Ver el sistema de salud colapsado, las cifras de fallecidos, la pérdida de nuestros familiares, el hambre y las luchas políticas que en la mayoría de casos no buscan beneficiar a la población sino otros intereses, deberían despertar en nosotros un espíritu de hermandad y de unión entre todos y todas. Sin embargo, la realidad es otra y seguimos repitiendo el mismo patrón que por décadas nos ha identificado.

Nos negamos a dejar el rencor, la envidia, el odio, el mal y la venganza. Ahora es el tiempo de reflexionar y sentar un precedente de cambio. La crisis sanitaria que atraviesa nuestro país es un llamado a cambiar la cultura de odio por una cultura de bien, donde las luchas sean encaminadas al bienestar de las mayorías, donde la paz y la justicia sea el objetivo final como sociedad.

No basta con decir «Feliz año nuevo», se debe luchar por un feliz año nuevo y para ello es necesaria una lucha individual donde cada uno de nosotros nos proponemos y luchamos por ser agentes de cambio. Pero, como es la costumbre ¡Feliz año nuevo!

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