Las sombras de la desaparición forzada en El Salvador

Las dictaduras militares fueron un común denominador en América Latina en la segunda mitad del siglo pasado. Una práctica común en este tipo de regímenes era la desaparición forzada de aquellos que mostraban descontento o se atrevían a ir en contra de la autoridad gubernamental.

Conocido es el caso argentino de las madres de La Plaza de Mayo; mujeres que marchaban cada día frente a La Casa Rosada esperando conocer el paradero de sus hijos, hijas o esposos. secuestrados y desaparecidos por el dictador Jorge Rafael Videla.

Dicho de esa manera, suena como un caso aislado y alejado de la realidad salvadoreña, sin embargo, los sollozos de muchas familias salvadoreñas aún se escuchan al no conocer el paradero de sus seres queridos desaparecidos durante el conflicto armado. Tal es el caso de Alexandra Aquino, presidenta de la Fundación Mauricio Aquino y promotora de la campaña “Los Huesos de Nuestros Padres”.   

“El 15 de abril de 1981, mi padre, Mauricio, fue secuestrado de nuestra casa en San Salvador por miembros de la Policía de Hacienda. Jamás volví a ver a mi padre. Yo he vivido mi vida entera con una herida abierta en mi corazón por la ausencia de mi padre, cuyos restos jamás hemos podido sepultar”1, comenta Aquino. 

La Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Adultas Desaparecidas en el Contexto del Conflicto Armado (CONABUSQUEDA) menciona que esta práctica “comenzó a ser utilizada en El Salvador desde mediados de los setenta y se volvería una constante durante la guerra civil”. Asimismo, la institución estima que durante el conflicto desaparecieron más de 5000 personas.

Entre los desaparecidos,también, se encontraban niños y niñas que fueron separados de sus padres en operativos militares realizados por la Fuerza Armada de El Salvador (FAES), Por otra parte, algunos padres fueron persuadidos por los grupos guerrilleros y prestaron a sus hijos para servir de coartada en casas de seguridad, luego de eso de eso nunca los volvieron a ver.

Tras 28 años de los acuerdos de paz en El Salvador, y más de treinta llorando a un ser querido, muchas madres y padres conservan la esperanza de saber que sucedió con sus hijos. Teniendo presente que la esperanza es lo último que debe perderse, el sacerdote jesuita Jon de Cortina, junto con algunas familias de las víctimas, fundó la asociación Pro-Búsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos.

Esta organización se encarga de la búsqueda y reunificación de los niños y niñas víctimas de desaparición forzada durante el conflicto armado. Esta ONG brinda un poco de luz en la oscuridad a todas esas familias salvadoreñas que aún buscan a sus hijas e hijos desaparecidos.

Hasta la fecha, Pro-Búsqueda registra 921 casos, de los cuales 382 han sido resueltos y se han determinado 52 niños fallecidos.”Si bien es una noticia trágica para los familiares, al menos les permite finalizar la búsqueda y asumir la pérdida definitiva de ese niño o niña que no podrá abrazar”, menciona la institución en su página web.

Los años han pasado y muchas son las personas que ignoran el lugar donde están los restos de sus familiares, el hermetismo del Estado salvadoreño ha impedido el que cientos de familias concluyan con el proceso de duelo que se ha extendido por décadas. Como quien espera ver el arcoiris al final de la tormenta, todas  esas familias buscan el consuelo de saber dónde están sus seres amados. 


1 Testimonio pronunciado en el foro virtual de la presentación del informe “La Desaparición Forzada en el Contexto del Conflicto Armado de El Salvador.Una aproximación al fenómeno”.

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