Luis Díaz y la promesa que nunca olvidó

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“Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro” (Graham Greene).


Esta es la historia de otro salvadoreño que tuvo que migrar hacia los Estados Unidos buscando el refugio que su país no pudo darle. Luis Díaz Guevara, originario del departamento de San Miguel, se enlista en el 12.7% de salvadoreños cuya causa de migración fue la amenaza por estructuras delincuenciales.

Luis partió con destino a Alabama, Estados Unidos, el 15 de junio de 2007, atrás dejaba los recuerdos de su infancia, amistades y la tierra que lo vio nacer. No obstante, se llevó consigo una promesa y el deseo de ayudar a la gente de su nación.

Los primeros días en los Estados Unidos no fueron fáciles, el cambio y la adaptación a otra cultura resultó un proceso tedioso, pero se sentía feliz de poder estar en familia y a salvo.

Luis comenta que durante sus años de infante acompañaba a su abuela a vender ropa en los diferentes pueblos de San Miguel, allí tuvo contacto con la niñez de las zonas rurales, “andaban descalzos, jugábamos con piedras y con palos, no tenían juguetes”. recuerda que, durante esas visitas con su abuela, sentía pesar de ver a sus congéneres en tal condición de pobreza.

“Yo no era rico, era pobre, pero nunca me había faltado nada. Fue ese contacto y esa experiencia la que me hizo decir: un día, cuando yo pueda voy a procurar ayudar”.

Fue ese momento en la infancia de Luis el que lo llevó a crear la Fundación “Jóvenes Sin Fronteras Regalando Sonrisas”. Una iniciativa personal que busca llevar un momento de alegría a los niños de comunidades rurales de su natal San Miguel.  El proyecto se sostiene con recursos propios y  las donaciones de  amigos y conocidos  en los Estados Unidos.

En el Salvador, la encargada de la logística es Norma Elizabeth Portillo, ella se encarga de visitar las comunidades rurales, realizar el censo de población infantil y familias, con el objetivo de garantizar la ayuda a cada una de estas familias.

A Portillo y Luis se suman otros 25 jóvenes voluntarios, quiene se encargan de llevar productos de la canasta básica a las familias de escasos recursos y llevar a cabo actividades recreativas para los niños.

fotografía proporcionada por Luis Díaz.

Luis no posee recursos en abundancia, pero procura realizar actividades al menos 2 veces al año, esto coincidiendo con su visita al país. Una época muy significativa son las festividades navideñas, durante este periodo es cuando se propone con mayor ahínco llevar un poco de felicidad a los niños.

Durante el desarrollo de esta entrevista se le interrogó respecto a que si las actividades altruistas que lleva a cabo se verían interrumpidas por la pandemia de Covid- 19. A lo que respondió “No”. Sucede que Luis no ha dejado de trabajar durante la emergencia sanitaria, sin embargo, espera que para diciembre ya no este restringido el acceso a El salvador para poder visitar el país.

Por otra parte, Luis funge como embajador cultural Latinoamericano, desde su arribó a los estados unidos, comenzó a bailar folklore de la mano del maestro Roberto Cubias. Quien además le enseñaría otros ritmos tropicales. Es esa instrucción en la danza que lo hace conformar el grupo “Raíces Tropicales”, con el cual ha participado en diferentes festivales de cultura latina en los Estados Unidos.

Asimismo, la danza le ha permitido generar ingresos extra, ensayando quinceañeras y preparando coreografías para fiestas rosas que se realizan en la comunidad latina.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas, como bien muestra la literatura, las almas buenas siempre son sometidas a tribulación. Luis ha tenido que enfrentar algunas dificultade, entre ellas: El abandonar sus estudios, la retención de la ayuda enviada a El salvador el primer año que puso en marcha el proyecto de jóvenes sin fronteras.

“En el 2013, la primera vez que decido enviar ropa y juguetes para los niños, sucede que no envié directamente el paquete a El Salvador, sino que lo envié a Guatemala, utilizando el servicio de encomiendas de mi tía, creí que sería fácil luego pasarla a El Salvador, pero no, me detuvieron las cosas en aduana, y cuando yo llego a El salvador ese año, me tocó ir hasta a Guatemala para recuperarlas”.

Respecto a esa experiencia comenta que vivió de primera la corrupción de las autoridades aduaneras, quien le solicitaban “mordida” para entregarle las cajas que tenía detenidas. No accedió y procedió por la vía legal, fue un proceso tardado y engorroso, pero al final pudo recuperar la ayuda para los niños. 

Hoy, Luis Diaz reside en Estados Unidos, pero nunca olvidó su promesa de infante, no despegó de él aquel sentimiento de generosidad y altruismo.

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