3 poemas de Cess Ochoa

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César Alfredo Ochoa Morejón, mejor conocido como Cess Ochoa (Soyapango, 1991), aprendió a leer a los 5 años de edad, a los 8 años conoce la obra de Alfredo Espino y desde ahí despierta su pasión por la poesía, es técnico automotriz y actualmente estudiante de ingeniería industrial. Es autor del poemario inédito «Cien cartas sin destino» y de la novela «La casa del invierno eterno» (también inédita).

A continuación, te dejamos con 3 de sus poemas.

Premonición

Se asoman por el hueyat tres sombras de destrucción.


Protegidas por un dios de amor, enclavado en dos maderos cruzados
colgados en el cuello de los navegantes.

Llegarán a la tierra de preseas y nos harán presas.


Nos harán esclavos, nos harán sus animales de carga y nuestras
mujeres sus objetos de placer.


Llegarán cargando un libro sagrado para ellos en una mano, con el
fuego y muerte en la otra mano
Su dios de amor le hará la guerra a nuestros dioses.


Xolot vera su último ocaso con nosotros quemados y cubiertos del
amor del Dios enclavado mezclado con nuestra sangre derramada
en las aguas de las preseas que ni Tlacoc podrá lavar con sus
lágrimas celestiales.


Xipe totec perderá la batalla pues el dios enclavado viene a buscar
oro y no viene a buscar flores.


Huehueteot quemaran tu fuego sagrado con su fuego desprendido
de los maderos de su Dios.


Y el Jaguar desaparecerá…

Miedos

Le temo a morir, pero a morir de verdad
No sentir fuego en mi venas al recordar el alma encendida de la
mujer que hace encender la mía
Miedo a que las pasiones desbordadas y las locuras no fingidas de
mis pasiones enredadas no escurran versos por mis dedos como
desbordadas cascadas


Miedo a ver que mis pasiones yacen sobre un sepelin clavado de
frustraciones y delirios de seriedad no fingida pero obligada
Miedo a que me vean como un cadáver de esos normales que
deambulan en la suciedad mal llamada sociedad.


Miedo a adoptar dogmas y prejuicios como preámbulo al suicidio,
que significaria dejar de estar vivo por elección y volverme un
muerto de esos que por tradición se llaman «cuerdos y normales»
entre ellos mismos .

incapaces de darse cuenta que ya están muertos


Miedo a pertenecer al cementerio gris de los muertos reanimados
por hechizos de los Nigromantes del Gran Capital, que manipulan
almas a costa de falsas necesidades creadas por ellos mismos y que
sólo ellos pueden solucionar.


Tengo miedo a morir, a morir como el que lee y aun no entiende
que esta muerto
Por que un día seré difunto pero jamás quiero ser un muerto, un
muerto que solo camina pero no Piensa ni mucho menos siente la
brisa y el aroma de la libertad que es vida, vida que abandonó por
promesas vacías, por verdes anhelos y metálicos deseos de esas
fantasía de «vivir bien».

Cumbre Marchita

Desde una de estas cumbres ya no tan frescas
Observó a este pulgarcito y su valle capital
Viendo con tristeza como lo que un día era verde
Ahora es gris, los colores de tus flores de maquilishuat ahora son polarizados
vitrales de edificios monstruosos.


Y es que la plaga avanza a medida tu verdor desvanece
Lo que un día eran veredas ahora son carreteras
Lo que fue vida primero, hoy se ha convertido en dinero.


Desde la poca altura de esta cumbre marchita
Me indigno de ser un humano, de ser parte de esta plaga, que para destruir su país
no amaga aunque esto sea nada más un suicidio pausado
Un suicidio asistido y mal pagado por los que creen que un billete es comestible,
que las monedas respirables y los créditos bebibles.


Pobre mi pulgarcito pelón, pobre de nosotros
Que se ahogan en pobres vidas de fantasía
Pobres los que hacen fortuna con la vida
Pobres vidas sin fortuna alguna les espera

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