Parálisis del sueño (cuento) – Mario Avalos

Mario Avalos |Cuento |El Salvador

—¿Te irás a dormir ya? —me dijo Sonia.

—Sí, últimamente he tenido insomnio y no he podido dormir. Hoy será la noche en que vuelva a descansar —dije escéptica de que la sería —, me cuentas como terminó la película mañana.

—Ah, la gracia era que la viéramos juntas, pero ni modo. Te alcanzo luego, usa la sábana roja, es la que preparé para ti.

—Gracias, Sonia. Feliz noche y gracias por la estancia…

Desde hace noches atrás, creo que unas cuatro, no he podido dormir de la mejor manera. Me quedo dormida hasta entrada la madrugada o me despierto a altas horas de ésta y ya no puedo dormir, a lo mejor es por la presión de estudiar. Menos mal, tengo a Sonia como amiga. Conocí a Sonia al entrar a la Universidad hace casi un año y me sorprendió la forma en como nuestras personalidades hicieron conexión, nos gusta casi lo mismo y es muy carismática. Cuando le conté ayer de mis problemas para dormir, con gestos infantiles me propuso dormir en su casa, que hiciéramos una especie de «pijamada», dudé unos segundos porque me daba vergüenza ir a su casa, ¿qué pensarían sus padres que llevara a alguien a dormir así de la nada? Me dijo que no había problema, para estas fechas sus padres siempre viajan por una semana de vacaciones y pasar un tiempo libre ellos solos. Cuando acepté, Sonia hizo un baile con saltitos como los que dan las niñas en sus cumpleaños.

Llegué a su casa que era muy normal, ni grande ni pequeña, ni cómoda ni incómoda. No sé ni cómo sería la noche con ella, era mi mejor amiga, hablábamos de todo y nos conocíamos mutuamente. Supuse que la rutina sería ordenar comida para la cena, y ver una película de esas en blanco y negro viejas que harían que me aburriera y me provocaría caer presa de Morfeo. Como lo supuse, películas de más por decir aburridas y trilladas, así que me aburrí y me fui a su cuarto para ver si podía dormir…

Nada, creí que tenía un poco de sueño, pero ya llevo unos 20 minutos, ya pasan de la medianoche y no tengo sueño. En eso, Sonia entró al cuarto y se sentó en una silla. Comenzamos a hablar un poco.

—¿Cómo estás, bella durmiente? —me preguntó en tono musical-.

—Destruida por el insomnio, Sonia —respondí haciendo un puchero —. Hablemos tonterías, tal vez así te duermes.

—¿Sobre qué podríamos hablar? Lo único que se me ocurre es hacer unos ejercicios de Matemáticas para ver si me aburro y me duermo.

—¡Hay, no! No seas tan cuadrada… umm, ya sé ¿y si me cuentas de tus experiencias sexuales? Je, je, je…

—¡¡¡Sonia!!! —di un salto de la cama, me sorprendió que hiciera una pregunta tan personal, siempre era muy dulce y nunca creí que hablara de eso.

—Ah, vamos. ¿Me dirás qué aún eres virgen, linda?

—¿Acaso tú ya no lo eres?

—Ji, ji, ji —hizo una risa burlona mirando al techo —, tengo diecinueve años, ¿qué esperabas dulzura? Me sorprende que tú todavía lo seas, eres muy hermosa.

—No le veo nada de malo en serlo —dije un poco molesta —, sabes qué, no quiero hablar de esos temas; además, ya me está dando sueño (y sí, me estaba dando).

—Bien, no te preocupes. Duérmete que estás en tu casa y con confianza, yo iré al baño a ducharme, siempre lo hago y tardo un poco. Dormiré en el colchón al lado de la cama.

Ah, abrí mis ojos, la habitación está oscura y sola, estoy sorprendida que me haya quedado dormida, pero me desperté en medio de la madrugada como es habitual en las últimas noches. Sonia aún no regresa a la habitación, pero no escucho ruido, ¿en dónde estará?

«¡Qué demonios pasa! He querido intentar llamar a Sonia y no puedo, no puedo siquiera hacer un movimiento, solo puedo pestañear y girar la órbita de mis ojos hasta donde pueda, mi respiración está pesada. ¡Qué diablos pasa! ¡No puede ser! ¡Qué es esta pesadilla!»

He estado en esta condición ya unos minutos, no puedo volver a dormir, esto ya me está preocupando. ¿En dónde estará Sonia?… «Problemas para dormir bella durmiente». Escuché la voz de Sonia fuera de la habitación oscura. Se encendió la lámpara de noche que se encuentra en el cobertizo, estaba Sonia frente a mí, ya duchada y con una toalla cubriendo su cuerpo. Solamente podía observarla fijamente, no me podía mover. ¡Por qué no me ayudaba!

Sonia comenzó a acariciar mi frente y a peinar el flequillo de mi cabello.«Hay hermosa, no sabes desde hace cuánto he querido acariciar esta piel, tu cuerpo esbelto pero bien moldeado, como si te hubieran hecho a mano, esos labios tan besables y jugosos, eres toda una delicia».¿Qué mierda pasaba con ella? ¿Qué me había hecho? ¿Qué clase de pesadilla estoy teniendo? ¿En dónde estaba la verdadera Sonia?

Sonia se quitó la toalla que llevaba puesta y la vi desnuda, casi obligadamente a observar su cuerpo, ese cuerpo ya disfrutado, pero sin perder el toque majestuoso de la juventud a flor de piel, sus caderas anchas, el típico cuerpo de mujer pequeña y de curvas bien puestas, sus pequeños pechos tan bien cuidados como si nadie los hubiera probado alguna vez. Quería gritar, solo pude soltar unas lágrimas de mis ojos que eran lo único que en mi cuerpo podían funcionar. Las manos de Sonia comenzaron a desabrochar mi pijama y lentamente comenzaron a acariciar mi cuerpo, era la primera vez que alguien lo hacía, este demonio no podía ser Sonia, ¿quién carajo era esa mujer? Me negaba a creer que era mi mejor amiga, una de las mejores personas que he conocido en mi vida.

—Tranquila, muñeca. No te va a pasar nada. El calmante que te di es muy fuerte, dudo que sientas dolor, al contrario lo vas a disfrutar —me habla al oído, Sonia —. No sabes cuánto tiempo esperé este momento, casi un año que he querido disfrutar de tus labios, bueno, tanto los de la boca como los otros, vaya que si me has gustado mucho, bebé.

Pasó lo que tenía que pasar, Sonia abusó de mí de formas que nunca hubiera imaginado, la gran persona que yo conocí, mi mejor amiga, abuso de mí como si fuera un súcubo succionado el alma de algún virgen macho terrenal. La peor noche de mi puta vida, no podía dejar de llorar, los ojos aún eran lo único que funcionaban en mí, ojalá se cerraran y ver si despierto de esta pesadilla (tiene que ser una pesadilla dolorosa).

—Ah, muñeca. Te amo tanto que si no eres mía, obvio no serás de nadie más. Créeme que me dolerá hacerte esto, al amor de mi vida—. Sonia soltó un sollozo mezclado con una carcajada macabra, salió de la habitación y regresó con un botiquín médico (seguro era de su padre), sacó un bote de alguna sustancia extraña, no sé si es lo que me dio para que estuviera en este estado. Sonia me está dando un beso tan largo y romántico, ahora vuelve al botiquín y sacó una botella grande de alcohol. ¡Qué está haciendo! Me lo está rociando en el cuerpo, ¡¡¡qué alguien me ayude, Jesucristo!!! Saca un encendedor del cajón mientras se ríe. Creo que este es el fin…

Sobre el autor

Mario Avalos

Estudiante de Licenciatura en Lenguaje y Literatura en la Universidad de El Salvador (Santa Ana), escritor y poeta.

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