Sixta Pérez, maestra y defensora del náhuat

Sixta Pérez García es originaria del cantón El Carrizal del municipio Santo Domingo de Guzmán. Ella y sus hermanos son nahuahablantes, son poseedores de una herencia lingüística de sus padres, María Presentación García Pérez y Tiburcio Pérez, que hablaban el náhuat de manera fluida. También sus abuelos maternos eran originarios de Santo Domingo de Guzmán, trabajadores del campo y de orfebrería de barro.

Durante su infancia observó que en el pueblo todas hablaban náhuat.  Como los «adultos nos hablaban náhuat entonces aprendimos el idioma.» Sus padres se dirigían a ellos en náhuat, y aunque hablaban español, las conversaciones familiares se daban en el idioma originario.

Con orgullo explica que cuando se reúne con las nantzin hablan en náhuat, pues para ella no es vergüenza, por el contrario, es el idioma de su pueblo y de sus padres.

Cuando se presenta amablemente dice que es originaria de Witzapan que en náhuat es “rio de espinas”, antiguo nombre de Santo Domingo de Guzmán. Actualmente tiene 79 años y a lo largo de sus años ha contribuido de manera sustancial a la cultura indígena como maestra de náhuat.

Vive en un terreno heredado por su padre, junto a su hijo y su nuera. Lugar desde donde ha contribuido en gran manera a la enseñanza y difusión del idioma náhuat.

Pese a que sólo pudo estudiar el segundo grado de la educación básica debido a que tuvo que empezar a trabajar en oficios domésticos, es hoy una importante maestra de náhuat y su trabajo ha ayudado al rescate de dicha lengua originaría en El Salvador.

Lamentablemente, explica que en Santo Domingo de Guzmán se dejó de hablar el náhuat porque fueron falleciendo los hablantes, y las nuevas generaciones no quieren hablar la lengua. «Es triste que las personas de la comunidad no quieran hablar la lengua de nuestro pueblo, Son pocos los hablantes que quedan», dice Sixta Pérez con preocupación pensando en el día que ya no estén los últimos nahuablantes de los cuales ella es una.

Sin embargo, le alegra que personas externas a la comunidad se hayan interesado en el idioma y para ella es una alegría enseñarles, “Me alegro porque cuando yo ya no esté, mi náhuat va a quedar con los que tuvieron esa buena voluntad de aprender lo que yo les estoy enseñando”.

Ha enseñado el náhuat a niños, adolescente y adultos, logrando así la formación de neonahuablantes. Uno de ellos es Héctor Martínez que con su iniciativa “Timumachtikan Nawat” sigue impulsando el idioma dentro y fuera del país.

Para Martínez, Nantzin Sixta ha dado un gran impulso en Ne Ichan Safoura, ya que gracias a ella están validando todo lo que se enseña, además de repasar lo aprendido entre semana con su ayuda. Con su ayuda se estudia más que el idioma, pues ella orienta sobre la cosmovisión nahua, sobre historias antiguas que recuerda que le contaban sus abuelitos. Esas experiencias son las más valiosas recalca.

“Las clases con nantzin Sixta nos permite vencer la brecha tecnológica entre los pueblos indígenas y la tecnología, ya que se le dotó de todos los recursos necesarios para desarrollar estas clases gratuitas a la que todos los salvadoreños interesados pueden acceder”, dijo Héctor Martínez.

Cuando ella era joven nunca se imaginó que se convertiría en una maestra, sin embargo hoy es una maestra querida y de gran importancia porque con su trabajo se convierte en una defensora del náhuat que podría desaparecer. El sueño de Nantzin Sixta Pérez es que el nuestra lengua materna no muera y que entre las nuevas generaciones surjan hablantes que desarrollen el idioma a la perfección y de esa manera la lengua de sus antepasados y su pueblo perdure.

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