Diciembre de consumismo y olvido

Por: Alfonso Hernández

Diciembre significa en el imaginario colectivo un mes de descanso, un mes de reposo y reflexión para aquellos y aquellas que han llegado al final de un año, ya sea con actividades muy ajetreadas o con ocupaciones de mayor libertad. Por un lado, hay quienes tienen el descanso de las corridas ocho horas laborales, más las extras, de instituciones gubernamentales o privadas, el cierre de proyectos, la clausura de ciclos académicos o simplemente, la excusa perfecta para tomarse un tiempo para viajar al interior del país, zonas de montañas o las ya concurridas playas de El Salvador.

Ahora bien, no es extraño para muchas personas los conceptos de consumo y consumismo, el primero hace referencia a necesidades y elementos que fundamentan la existencia material; el segundo busca satisfacer deseos, ya sea creados o manipulados, que desembocan en un mar de irracionalidad.

El consumismo le da vida a las cosas, es una de las máximas expresiones del fetiche de la mercancía, es un proceso social que desvalora la vida humana misma.

Las fábricas explotando a los obreros y obreras, aún más, para satisfacer los deseos de consumidores que buscan calmar el estrés de su año comprando una pantalla nueva que, probablemente, en el transcurso del año nuevo no podrán ver por sus apretadas agendas laborales. Las gasolineras con mayor demanda de combustibles fósiles porque se gasta más yendo en los monstruosos tráficos de las capitales y viajes largos que en otro momento del año. Las remesas se incrementan y la mayoría se dirige a los principales almacenes de ropa, comida rápida y espacios que son visitas de “prestigio social”.

Todo el aparato de los centros comerciales, que ahora están a la vuelta de esquina en cada municipio, está guiando a que se compre, se venda, se consuma de la manera más voraz posible.

Cada fin de año es un golpe mayor para el planeta tierra, para la madre naturaleza, para las fuerzas vitales de la humanidad. No es ningún agrado que no se valore, en este último ciclo del año, el elemento de la sustentabilidad y sostenibilidad.

Si bien, el final de un año significa un periodo de reflexión, pero implica también un cuestionamiento final que debe ser guiado a la última práctica de la temporada y, aunque estamos propensos a que las dinámicas sociales nos absorban, debemos cuestionar la fetichización a la que se puede caer en este contexto.

No se trata que no se pueda disfrutar de una época que nos da la posibilidad de salir de ajetreos diarios y proponer mayor solidaridad con las y los demás, pero tampoco implica caer en dinámicas que conduzcan a la negación de la humanidad, al consumismo irracional que nos pervierte y nos quita de la mente el reponer fuerzas y estrategias para un nuevo año, para disfrutar y luchar por horizontes posibles.

Que estos periodos no hagan caer en un consumismo irracional y que las demandas sociales no sean invisibilizadas. El reto es buscar un fin de año alternativo, sustentable y que contribuya a una mayor reflexión de los principales acontecimientos políticos, sociales o económicos de nuestro país, de América Latina y el Mundo, que implique comenzar una nueva vuelta al sol con mayor claridad y estrategia.

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