Puntos de vista de la poesía de Reynaldo Bordas

Puntos de vista de la poesía de Reynaldo Bordas

Al nicaragüense Reynaldo Bordas lo caracteriza su insubordinación y quiebre con lo normado socialmente. Su literatura exalta «la dulce forma de desobedecer». Para este autor es recurrente plantear la desobediencia como una revolución rimbombante, por el contrario es un gesto cotidiano.

Como podrán percibir en sus versos, sus palabras giran en torno a la pobreza, desigualdad, violencia familiar, abuso, muerte y las estructuras sociales; pero no le dice al lector como pensar, se limita a construir un escenario identificable para que nosotros le demos forma a nuestro juicio. Y ese es uno de sus grandes aciertos; hay una poesía de denuncia, pero no panfletaria.

La colección de poemas de su autoría que compartimos en esta ocasión no pierde su estilo distintivo. Leamos algunos de sus poema:

CASAS  

En la cuadrícula exacta de mi ciudad,
las casas se alinean como urnas de cartón;
visten el gris uniforme de la época,
frágiles refugios con advertencia de derrumbe.
La gente sale y entra, limando con sus rostros el vecindario,
reconociendo en el secreto, la mínima y dulce forma de desobedecer.
INVENTARIO MORAL

Me nombró María.
Elegí el blanco, no por pureza
sino por tener una bandera que izar.

He sido la devoción hecha carne,
hija dócil, esposa de estribo,
clemente madre y mujer de cándida luz.

Pero ante mi hijo, el inventario se quiebra.
A veces, sello sus labios con mi dedo índice
y le pido que sea mío, solo mío,
en esa hora donde su padre nunca está.

Además, toma lo sencillo y lo convierte en grandes verdades del contexto de la vida humana. Sus poemas como podrán apreciar a continuación, nos presentan estampas de la vida. Pero, nos colocan frente a un espejo que nos reta, y en ocasiones, nos hace girar el rostro ante esa realidad tan nuestra e innegable y sobre todo inversa, ya que nos muestra aquello que es aparentemente normal y luego «le da la vuelta»: la casa como refugio se torna urna, la devoción religiosa frente al deseo, la educación muta en violencia…

En toda esa realidad, Bordas no explica las transgresiones, las insinúa así:

DESTRUIR AL OTRO 

“No será mentira si logras esconderlo”,
decía mi padre, dictando la sentencia,
mientras, que deslizaba billetes como lápidas.
Intentando sobornar al tiempo,
borrar de un fajo la vida que empujaba,
esa vida que él mismo, en el vientre de mi hermana
había sembrado.
PARALELO ENTRE LAS MUERTES

José ha muerto. No tuvo más patrimonio
que una piel curtida por errar en los caminos.

Consiguieron su ataúd en la ciudad.
Se veló en un patio amigo.
Hubo humo de tabaco y ron para el olvido,
rezos que eran solo ruidos de cucharas y de cartas varias partidas.

Al cementerio fue llevado, sin cortejo de gloria,
sin ninguna diferencia, lo enterraron como una semilla seca,
una planta de la que nadie espera, ya, el milagro de un brote.

Ahora habita el terreno igualitario de la muerte,
donde el polvo no recuerda
quien tuvo las manos llenas
y quien la tuvo
rotas.
RECESO ESCOLAR 

Desde mi patio contemplo el muro de la escuela,

y el tedio escolar se vuelve una herida de gracia.

Querría despojarme la camisa, correr hacia el barro,

jugar a esconder las mochilas ajenas en la maleza.

Pero soy este cuerpo invadido por el polvo,

asediado por ácaros y el zumbido de las moscas.

Mis dedos vibran con el peso de la canica,

mientras mis pies se rinden al metal de una silla.

A los setenta y cinco años, en la orilla del olvido,
entiendo que al saltarme aquellas clases,
no alargue la infancia, sino este largo invierno.

Multiplico mis lágrimas en un cálculo amargo:

Hoy el día sería más dulce,

si mis hijos en lugar de recuerdos, fueran pasos en la puerta.

A diferencia, de su publicación «Ojo de Loca», en estos poema se aprecia una perspectiva más nostálgica antes que mordaz, sin embargo, su crítica retadora no desaparece. Más bien, parece que el poeta ha descubierto que tiene muchas voces para decir que «existe en la sombra de la rabia». Es decir, la memoria y la desobediencia moral se mezclan en la voz del poeta en pequeñas narraciones líricas. Escuchemos esa voz poética:

MEMORIAS DE INFANCIA

Recuerdo algunas veces de las que fui a la tienda,
de los productos elevé su precio y el dinero guardé para mí.
Y a tantas veces hacerlo, como un ciclo de lo que llamamos vida,
el valor de las cosas se volvió inalcanzable.
Hoy el mundo me cobra aquellos céntimos,
mi salario es un agua que se escapa.
CARTILLA DE LA MALA EDUCACION

Los gritos de mi madre habitan la casa como un eco,
una cámara de gas donde el oxígeno es el reproche:
“Sacrifiqué mi vida por ti”, “Eres igual a tu padre”,
“Ojala no hubieras nacido”.
Marcado por ese hierro,
en la sombra de su rabia existo,
siendo apenas la réplica de su dolor.

Y aunque en ocasiones desciende en versos con ideas más potentes que su ejecución verbal, por lo que algunas imágenes son más precisas que otras que parecen «explicaciones»; no se puede negar su economía expresiva y construcción de metáforas con función narrativas en un lenguaje que navega de lo cotidiano a lo poético. Es encomiable ver lo ordinario convertirse en una reflexión sobre la culpa, la desigualdad o la muerte.

Entonces, ese es el reto de las voces prometedoras como las de Reynaldo Bordas que se reta así mismo, y hace que sus versos e imágenes compitan entre sí. Este conjunto de poemas es una búsqueda de voz con una identidad reconocible, que además, no lo hace desde la comodidad de quien observa los conflictos sociales desde la lejanía; es un poeta en su poesía.

Reynaldo Borda (Telica, León, 1989) Poeta, Periodista, Fotógrafo, formado en Ciencias Sociales, locutor de programas culturales y facilitador de arte infantil y juvenil. Ha publicado Libros de Poesía: Muestra Poesía Joven El Material de tus Sueños (2015) Promotora Cultural Leonesa. Ojo Loca (2024) Editorial Ojo de Cuervo, El Salvador. Así mismo, en antologías, revistas y diarios impresos y digitales de circulación nacional e internacional.

Nota: Los poemas de esta selección forman parte del poemario Mínimas Desobediencias.

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Javier Iraheta