SER O NO SER ARTISTA EN EL SALVADOR (Primera parte)

Se escuchan nombres completos y uno a uno se ponen de pie caballeros y señoritas. Caminan hasta el estrado acompañados de aplausos y destellos de cámaras. Es un acto de graduación, todos se sienten orgullos de alcanzar un  título universitario. Pero, hay una gran cantidad que ven truncada esa posibilidad de coronar una carrera y caminar hacia el podio dentro de un sistema educativo que ha discriminado el arte históricamente.

Materia prima para el arte

El Salvador es una mina que puede ser explotada y posee la materia prima necesaria de la cual puede brotar grandes ganancias culturales y artísticas.

Los salvadoreños son herederos de una generación rica en arte y cultura que ha luchado durante años por subsistir bajo la presión de los poderes políticos y económicos. La pintura ejecutada en cerámica indígena es sólo un ejemplo de ese arte que se conserva en las hermosas creaciones y la naturaleza del artista salvadoreño.

Delia Lazo, autora del libro El Salvador, Su Arte y Sus Culturas, expone en su texto la riqueza artística que se origina de la cultura salvadoreña: “La República de El Salvador se envuelve en un legado de la cultura mesoamericana, heredada por el pueblo pipil que le llamó Cuscatlán. Posee riqueza cultural invaluable que se manifiesta en el habla, las tradiciones, la dinámica social…”

De esa manera, todos esos elementos culturales le dan una riqueza artística a los salvadoreños que es posible potenciar por medio de la formación académica en artes. Sin embargo, en El Salvador existe para los practicantes del arte una desventaja; al contrario de los profesionales que se gradúan de las diversas universidades del país, estos no poseen una formación que les respalde con un titulo dentro o fuera de las fronteras salvadoreñas.

Amantes de la danza recurren a la Escuela Nacional de Danza, “Morena Celarié” (END); los que añoran con el teatro, la música o artes visuales ven una luz en El Centro Cultural de Artes (CENAR); para ellos hay conocimientos de calidad, pero no títulos.

Otros en busca de un título universitario relacionado con las artes plásticas entablan una dura lucha por alcanzar uno de los anhelados cupos para ingresar a La Escuela de Artes de La Universidad de El Salvador.

Frente a la creación de un nuevo Ministerios de Cultura que surge de las cenizas de la Secretaria de Cultura, La promulgación de Ley de Cultura que busca la protección del arte y patrimonio cultural salvadoreño y la promesa de un Instituto Superior que acredite a los artistas en sus diversas especialidades; aún existe esa deuda de permitirles un desarrollo pleno como profesionales que les dé además las prestaciones inherentes como todos los empleados.

Actores, bailarines y músicos son los principales afectados en dicha situación al carecer del respaldo legal para integrarse al mundo laboral que cada día se estrecha más en El Salvador.

Son estos ciudadanos artistas los que obligatoriamente optan por otras profesiones u oficios para solventar sus necesidades básicas, reprimiendo de esa manera sus sueños artísticos ante la falta de formación y espacio laboral.  También, están otros ciudadanos más temerarios que luchan y se arriesgan en una batalla incansable entre los reducidos espacios artísticos y culturales, tanto en formación como laboralmente que ofrece el país.

Educación Media con cuadernos, pero sin arte

La gran mayoría de bailarines debe llevar la danza como una formación paralela a la carrera universitaria.

Es una jornada normal en las instituciones de educación media, hay cuchicheo. Las jornadas incluyen matemáticas, lenguaje, ciencias, y otras materias. Pero entre los cuadernos y lapiceros, hay ciertos estudiantes que sueñan con dejar sus cuadernos algún día y presentarse ante un público en un teatro o una galería. ¡Suena el timbre! es hora del cambio de clases, los alumnos dejan su sueño y vuelven a la realidad.

Los estudiantes que ingresan a la educación media y cuyas aspiraciones giran en torno a las disciplinas artísticas no tienen posibilidades de formarse en las diversas especialidades relacionadas con el arte y deben seleccionar entre las opciones ofertadas por El Estado. Bachillerato general, contabilidad, salud, y algunos técnicos vocacionales son las únicas posibilidades a las que pueden optar los jóvenes salvadoreños.

Nuestro sistema educativo formalmente reconocido con una planeación educativa nacional data de 1939. Esta reforma educativa se mantendría hasta la década de 1960, cuándo se darían cambios sustanciales en materia de artes. Con la reforma educativa que llega en 1969 se propició la creación del bachillerato en artes gracias a la modalidad de bachillerato diversificado.

Manuel Luis Escamilla, en su libro Las Reformas Educativas, expone que “la educación media de la época era vocacionalmente diversificada, se desarrolla en 10 tipos de bachilleratos que ofrecen más de 20 carreras de técnicos medios”. Entre esta diversidad de bachilleratos, estaba el bachillerato en artes que ofertaba tres modalidades: artes plásticas, música y teatro a los estudiantes egresados de la educación básica.

Además, expresa que el objetivo de los estudios diversificados era ofrecer la tecnificación del personal de mandos medios y promover, impulsar y acelerar el desarrollo socio-económico del país. Este bachillerato intentaba cubrir, dice Escamilla, las necesidades de recursos humanos en los distintos campos del mercado laboral y enriquecer las áreas de producción del país.

En su otro libro titulado La Reforma Educativa, Escamilla recalca que lo principal de la educación media de la época era la tecnificación que ampliaba de esa manera el mercado interno. De esa manera, la reforma del 69 apertura posibilidades de formarse en artes, siendo el ahora Centro Nacional de Artes, el encargado de impartir esta modalidad de bachillerato que formaba artistas, quienes podrían generar medios de subsistencia interna en el país.

Sin embargo, tras los acuerdos de paz, bajo la presidencia de Armando Calderon Sol, ante la creciente industrialización y globalización; era vital para la economía salvadoreña poseer mano de obra para laborar en las grandes empresas transnacionales. En ese sentido, nace la nueva reforma educativa. La reforma educativa de 1994 pone fin al bachillerato diversificado y reduce la educación media a las pequeñas opciones técnicas a las que optan actualmente los jóvenes egresados de la educación básica.

La nueva reforma establece el Plan Decenal para la educación de 1995 a 2005, dicho planeamiento fue fuertemente influenciado por la presión internacional en repuesta al modelo de desarrollo de la época. Luego, el plan 2021 daría continuidad al primer decenio.  De esa manera, la educación media en artes ya no respondía a los intereses económicos y aplastantes del sistema voraz que implica el capitalismo y por  consiguiente desaparece del plano educativo por años.

Implementar un bachillerato es como tener un bebé, hay que cuidarlo.

El sistema educativo salvadoreño excluye la formación profesional en música, limitando a los bachilleres a las pocas opciones.

“Hay que luchar, para que tengamos de verdad gente que esté trabajando y que estemos dando fruto. Que estemos caminando para que el bachillerato sea necesario; si lo único que hay es una escuela con profesores que no tienen alumnos, que no dan conciertos y que no hacen nada, entonces se van a volver una carga para el Estado.” Dice Daniel Ernesto Ayala, Coordinador General en Música del Polígono Don Bosco, uno de los que sugirió al Ministerio de Educación (MINED) implementar el Bachillerato en Música.

El anuncio de este novedoso proyecto en educación media fue realizado el 18 de octubre de 2017 por el Ministerio de Educación, luego de dos años de diseño en los que participó el CENAR, la antigua Secretaria de Cultura y el Polígono Don Bosco.

“Esta nueva especialidad busca fomentar en los jóvenes las competencias específicas del área de la música, que les permita una incorporación efectiva al mundo productivo como futuro empleado, empleador o continuar estudios superiores en el sector de la cultura y el arte” expresa la nota publicada por la cartera de Estado.

El nuevo tipo de bachillerato tiene una duración de tres años y busca que los estudiantes se inserten al área laboral relacionada con organización, producción, promoción y presentación de espectáculos artísticos relacionados con la música y hasta en la fabricación de instrumentos, explica la publicación del MINED sobre el lanzamiento de la modalidad.

Actualmente las instituciones educativas que imparten este nuevo bachillerato son: El Instituto Nacional Alejandro de Humboldt en Ahuachapán,  Instituto Nacional Doctor Sarbelio Navarrete en San Vicente, El Instituto Nacional de Usulután en Usulután y el Instituto Educación y Trabajo EDITRA en San Salvador.

Una de estas cuatro instituciones, El Instituto Nacional Alejandro de Humboldt en Ahuachapán, se ha caracterizado por una gran trayectoria en impulsar el arte, específicamente en Danza Folclórica y su Banda de Paz. Este instituto de educación media fue invitado a San salvador con una interrogante ¿quieren ustedes por todo lo que traen (experiencia en artes), tener el bachillerato en música?

Carlos Enrique Duarte, director del Alejandro Humboldt en Ahuachapán, afirma que vieron en esta petición una oportunidad por lo que decidieron involucrarse en la prueba piloto del Ministerio de Educación de implementar el área técnica vocacional en música.

Sin embargo El director Duarte, dice que esta nueva modalidad implica un reto  porque sólo tienen diez estudiantes; no por los jóvenes, sino por los padres de familia que consideran que “para que estudiar música si ellos no quieren músicos”; el desconocimiento sobre la nueva modalidad es tanta que uno de los padres, ejemplifica el director, le preguntó si el titulo de este tipo de bachillerato le serviría a su hijo para ingresar a la Educación Superior.

El otro reto que enfrentan las instituciones es que el Ministerio en su proyecto expone la necesidad de un especialista o instructor por cada instrumento, es decir, dice el Duarte “no deben haber menos de diez personas trabajando en esa especialidad” sin embargo, la realidad es otra, pues el instituto cuenta con un solo encargado.

“Este bachillerato no es como el bachillerato que yo estudié en CENAR, yo soy de la última promoción que era una cosa maravillosa, pero que nosotros podemos hacerlo, por ejemplo, en el bachillerato yo recibía una clase por maestro; aquí soy yo el único que hay” dice el profesor Jorge Alberto Salazar Rivera, encargado del bachillerato en música el Instituto Humboldt.

El documento elaborado por el Ministerio de Educación, especifica claramente la cantidad de docentes que deben desarrollar esta modalidad, deben ser de 9 a 18 encargados.

El maestro Rivera es, dice de los afortunados con un título de Bachillerato en Música otorgado por el MINED, que realmente era un profesorado impartido en el CENAR, especifica. Y esa experiencia académica le impulsa a continuar, pese a tener la responsabilidad de no menos de diez.  

Sumado a esto, el Gobierno ha hecho una inversión de cinco mil dólares en instrumentos musicales en la institución que imparten el bachillerato en música, pero estos fondos aun no son suficientes para una especialidad  de esta naturaleza debido a los elevados precios que implica adquirir los instrumentos musicales que no se elaboran en el país.

Por esa razón, otros instrumentos han sido adquiridos con fondos del Consejo Directivo Escolar y los estudiantes realizan actividades de recolección de fondos para cuerdas o reparaciones de los instrumentos.

Un total de 39 tipos de instrumentos se contabilizan en el proyecto del Bachillerato en Música presentado por el MINED. Todos estos instrumentos sólo son distribuidos por los que requiere un cuidado especial y exigen garantías establecidas en el mismo documento para conseguir su durabilidad, de allí su elevado precio.

Pero, denuncia el director: “De repente vemos una noticia donde el gobierno está entregando instrumentos a la Alcaldía Municipal para complementar toda una sinfónica, y nos dejan a los bachilleratos sobreviviendo por si solos, sin embargo, hemos asumido el reto”

Este reto aceptado por la institución responde al interés de formar músicos formalmente no “de oído” como la mayoría de músicos populares. “Se pretende formar para la vida a los estudiantes, en ese sentido, que dejen de ser analfabetas en la lectura de solfa, y esa es una belleza cuando se ve una presentación de la sinfónica (de la institución)”.

La matricula del bachillerato en música es de ocho estudiantes. Por esa razón, según informa el profesor Rivera, docente encargado de la nueva modalidad, se ha fusionado la sección, es decir, en una sola sección de 40 estudiantes, 8 son de música y los restantes de la modalidad general.

“Lo que sucede es que no se le dio suficiente soporte de publicidad, porque quizá todos creyeron que con sólo abrir el bachillerato (en música) iba venir el montón de gente, pero… no es cierto, se necesita publicidad por todas las preguntas que la gente tiene” explica el profesor Rivera por la cantidad tan reducida de estudiantes.

Entre esas preguntas sobresale el temor de los padres sobre las oportunidades laborales, “¿De qué trabajará mi hijo con ese bachillerato?”. “Este es un bachillerato como cualquiera,” dice el profesor Rivera, no es una especialización superior, pero si “es una forma de forzar a la apertura de una licenciatura en música”.

Además, dice el maestro: “Si bien es cierto no tenemos la cantidad de estudiantes que hubiésemos querido, si nos da un panorama de cómo debemos seguir trabajando en la parte del arte; tarde o temprano creemos que en El Salvador van a cambiar las cosas.”

Esa lucha férrea de cambiar las cosas se escucha de repente entre la combinación armoniosa de los instrumentos. A pesar de la poca cantidad de la modalidad, la institución tiene 100 estudiantes en su orquesta sinfónica, es decir, la música se reciba entre estudiantes de las otras especialidades. Esa representa  una lucha por el arte.

Tanto la dirección de la institución como el profesor Rivera reconocen que como prueba piloto  depende mucho de ellos el éxito o el fracaso de esta nueva implementación. Su deseo es que esto no desaparezca, sino continúe pese a las dificultades, pues aun hay esperanza afirman.

“Un padre vino y me dijo” –relata Rivera- “mi hija quiere estudiar música y quiero que me la prepare para que vaya a hacer una audición a Guatemala, México, donde sea, porque quiero que estudie música. ¡Tenemos esperanza!”

154.9 kilómetros de Ahuachapán un alumno camina cargando su violín, a veces lo saca y hace sonar en clases que no son de música; su maestro le dice que lo guarde. Anda su violín de arriba para abajo y en el recreo lo saca nuevamente y lo toca. En cualquier momento lo saca y lo toca. Es un estudiante del Instituto Nacional de San Vicente.

En el instituto Nacional de San Vicente se encuentran dos decentes impartiendo la misma modalidad. Armando Cruz, coordinador del bachillerato en música y William Álvarez docente de la especialidad, luchan por mantener a flote el nuevo proyecto.

En San Vicente ya suenan los violines, las violas, los chelos, los saxofones, los clarinetes y flautas adquiridas con el aporte de 5,000 dólares que otorgó el MINED. Diez estudiantes conforman la matricula de la modalidad en música.

La pequeña cantidad, es causada por la misma razón detallada en Ahuachapán. “viendo cómo se desarrolla esto  y presentándolo ya antes de que termine el año en las escuelas en los novenos grados, más que todo creo que el otro año vamos a tener un poquito más y vendiendo bien la idea, el problema es no la vendimos bien.” Dice Armando Álvarez.

Para el coordinador esta es una lucha difícil debido a las críticas pero la proyección es que los demás alumnos conozcan la diferencia que hay entre este bachillerato y los demás, y que se le dé el respeto debido a los músicos. “Bueno, que hasta mí me hacen burla, y a mí me da igual porque ellos (los alumnos) se están ganando el respeto”.

Esas críticas, afirma el coordinador, se caen con los resultados obtenidos por los estudiantes. Los alumnos ya se presentaron por primera vez en público, en esa ocasión recibieron felicitaciones del vicepresidente de la República.

Pese a los obstáculos presentados en estas instituciones, el Jefe de Educación Técnica y Tecnológica del Ministerio de Educación, Luis Morales, afirma que la visión del Bachillerato en Música es que la Universidad de El Salvador y las otras Universidades retomen ese semillero y que al igual que otros países se puedan impartir carreras superiores en música.

Además, el MINED está formando a cerca de 120 especialistas en educación artística que serán los encargados de compartir sus experiencias a otros docentes y propiciar un acercamiento a las artes desde a educación inicial, informó el Ministro de Educación durante el lanzamiento del Bachillerato en Música.

*Esta investigación es de archivo ya que fue realizada entre febrero y junio del año 2018 por: Francisco Javier Iraheta Elías, Yesenia Vadinia Aguilar Contreras, Oscar Armando Hernández Álvarez, Edwin Ariel Rivera Aragón , Brandon Eduardo Hernández Villalobos, Ana María Maravillla Gonzalez y María José Herrera Barriere.

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