SER O NO SER ARTISTA EN EL SALVADOR (Segunda parte)

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Sólo diplomados y técnicos para los artistas

El Ministerio de Cultura de El Salvador administra dos instituciones de formación en artes: El Centro Nacional de Artes (CENAR) y La Escuela Nacional de Danza “Morena Celarié” (END). Ambas instituciones ofertan cursos regulares y libres en diferentes ramas del arte.

La END  nació en 1951 y desde entonces lleva 67 años formando bailarines y bailarinas profesionales. Actualmente imparte danza creativa, pre danza, Ballet, Contemporánea, Folklore y Euritmia. Según la disciplina de danza, la formación dura entre seis a ocho años. En cuanto a los costos  son de 10 dólares por cursos libres y 5 dólares los regulares.

“Al final de esos años de formación la escuela les entrega a los estudiantes un diploma. No tenemos un titulo, por lo menos no un titulo respaldado por el Ministerio de Educación, sino que se les entrega un diploma donde la institución, con el respaldo del ahora Ministerio de Cultura les acredita como bailarines ejecutantes en su especialidad.” Explica Xenia Vaquerano, directora de la END.

La calidad de la END se logra gracias a la técnica y teoría impartida por la institución, sin embargo, pese a la formación de profesionales de la danza; estos aun no pueden graduarse con un título que los acredite.

La directora de la institución reconoce que se pueden dar muchos más conocimiento a los estudiantes, pero la falta de espacio obligaría aumentar las horas dentro de las aulas y la zona donde están ubicados implica inseguridad. Además, la END, bajo las condiciones de austeridad no puede disponer de más fondos que los asignados en salarios y gastos fijos.

Frente a esa situación de carencias, la Escuela recurre a cooperantes que aportan materiales y utilería, que son resguardados y reutilizados. “Reciclamos y reutilizamos mucho vestuario. Reciclamos material de escenografía y de utilería, muchísimos. Nosotros hemos estado reutilizando tutus, por ejemplo que han sido confeccionados en el año 2002, ya van a tener veinte años”. Detalla Vaquerano.

En medio de las dificultades, la matrícula de los últimos tres años ha oscilado de 750 a 800 estudiantes. Entre estos estudiantes se encuentra Ubaldo Perdomo quien a sus 29 años de edad ha dejado su hogar, su familia, sus amigos y estudios en comunicaciones en San Miguel para formarse en danza folclórica y ballet.

“yo me siento feliz, aunque sé que estoy sacrificando mucho, pero estoy feliz de estar acá cumpliendo por fin lo que yo siempre quise” comenta Perdomo al reflexionar sobre las dificultades en formarse como artista en El Salvador. Él es uno de los pocos que se ha arriesgado al dedicarse a la formación artística, contrario a otros que toman la decisión de llevarlo como formación paralela.

Ubaldo es sólo un ejemplo de la desigualdad en cuanto a formación artística proporcionada por el Estado. Obligado a vivir en San Salvador, debe realizar grandes sacrificios para pagar todas sus cuentas. Además, estar lejos de sus seres queridos, a fin de formarse en la END.

Otra instancia de importancia es el CENAR, aprobado en 1961 pero iniciando labores hasta en 1969 bajo la reforma educativa de Walter Beneke, pero como Instituto Nacional del Bachillerato en Artes. Este instituto nace con la visión de formar profesionales en teatro, música, danza y artes visuales.

Todas estas disciplinas  formaban parte de bachillerato en artes que fue suprimido en 1994 por la reforma educativa y cuya última promoción recibió sus títulos en 1997.

Actualmente la institución educativa está compuesta por tres escuelas de artes especializadas: Artes Visuales, Escuela de Música y Escuela de Teatro. Los costos por cursos regulares y libres es de 15 dólares.

Sin embargo, al igual que la END ofertan cursos regulares y libres, contrario a su origen que respondía al bachillerato en artes, previamente creado para profesionalizar las artes y formar maestros con alta calidad estética.

Ambas instituciones luchan por mantenerse en una sociedad que ve el arte simplemente como entretención y un Estado que somete la educación en artes bajo serias limitantes económicas.

Nace un nuevo Ministerio… ¿El ISARTES y la acreditación?

Teatro en las calles de Nicaragua por parte de la delegación de la Universidad de El Salvador. La licenciatura en teatro es una deuda del sistema educativo.

Un grupo de jóvenes vestidos con los colores representativos de la bandera salvadoreña cantan armoniosamente frente a autoridades de gobierno y periodistas. Es el acto de oficialización del Ministerio de Cultura.

Desde ese momento, 19 de abril de 2018 nace en El Salvador un nuevo ministerio que velará por el artista salvadoreño. El  nacimiento del Ministerio de Cultura se venía postergando desde 2015, cuando el Consejo de Ministros acordó que la Secretaria de Cultura se convirtiera en Ministerio.

El nuevo ministerio mantiene el mismo presupuesto de la extinta secretaria del Cultural. Según el presupuesto general de La República, La Secretaria de Cultura cuenta con un monto de 20, 266, 540 dólares, distribuido en dirección y administración, servicios de arte y cultura, transferencia a otras entidades, cumplimiento de sentencia del Mozote y para el Instituto Superior de las Artes y Cultura.

Aunque sin refuerzo presupuestario por el momento, se espera que con este nacimiento ya oficializado se logren cambios sustanciales. Uno de los aspectos relevantes que lleva a cuestas el Ministerio de Cultura es que las artes deben formalizarse y dejar de ser simples “shows” o “amenizaciones” de eventos.

También, esta nueva cartera lleva en sus hombros solventar todo un mundo de carencias y problemáticas que rodean a los artistas. Dar respuestas a estas dificultades era parte la propuesta de gobierno de Sánchez Cerén,

El eje nueve de la propuesta de gobierno del partido FMLN se tituló: Fuerza Cultural: Riqueza y Futuro del país; en ella se exponía que “la política de Estado para el desarrollo cultural era de importancia pues contribuiría a que la población asuma la cultura como un derecho, factor inherente y un pilar fundamental para el desarrollo humano”.

En ese sentido, en aquel entonces, la propuesta establecía que para lograr dicho eje se pretendía: Crear un Fondo Nacional concursable para el arte y la cultura, impulsar la formación artística por medio del bachillerato, crear un Ministerio de Cultura, Creación del Instituto Superior de Artes (ISARTES) y la acreditación Docente para artistas.

Pese a la nueva creación del Ministerio, las denuncias por parte de los artistas continúan. El Movimiento de Artistas Independientes (MAI) es un organismo que constantemente genera denuncias por medio de las redes sociales en torno a la problemática. Especialmente ha denunciado por el incumplimiento de un verdadero ISARTES, que ya aparece el presupuesto de la nación.

En comparación a otros países de la región, en El Salvador no hay centros de formación universitaria que acredite a los artistas y por consiguiente, sólo aquellos con las posibilidades económicas, viajan al extranjero para formarse en países como Costa Rica, México, Estados Unidos y Argentina.

En ese sentido, el ISARTES debe solventar esa necesidad histórica de formación superior en artes que acredite profesores, licenciados, máster o doctores en las diferentes ramas del arte como música, teatro, danza y otras especialidades.

El Estado está obligado a crear dicha institución según el artículo 86 de la ley de cultura, que establece que debe crear El Instituto Especializado de Nivel Superior de las Artes cuya obligación es la formación profesional en las diferentes especialidades del arte, educación artística y se regirá por la Ley de Educación Superior.

Sin embargo, pese a la existencia de dicha premisa, la creación de dicho instituto sigue siendo una promesa incumplida. Una creación en documentos, nada más. Los artistas salvadoreños siguen sin una instancia que les acredite como licenciados en las diferentes ramas artísticas, aunque existen instituciones formadoras.

Actualmente, el ISARTE cuenta con un presupuesto de 109, 795 dólares para brindar formación artística según el presupuesto de la nación, pero dicho monto tiene sólo como objetivo la formación de mismo.  

El problema de la acreditación para los artistas en formación en El Salvador no se soluciona sólo con la transformación de la nueva Secretaria de Cultura ni con la creación del ISAR. El problema implica al Ministerio de Educación.

Sobre esa situación, la directora de la comisión  para la fundación del ISARTES, Aida Bernal, dice que hasta la fecha ya se ha cumplido con los requisitos del MINED con  cuatro propuestas de planes de estudio. Especifica que ya se diseñó toda  la estrategia académica, la estrategia institucional, estructura financiera, propuestas de diseños arquitectónicos, base de datos de futuros docentes y presupuesto de funcionamiento para iniciar labores  en 2019.

El problema actual es que no hay un espacio para alojar las instalaciones por los que desde hace tres años se realiza un búsqueda para alquileres o comprar un espacio para el ISARTES.

Este nuevo proyecto viene a abrir los espacios para la titulación que es tan necesaria, sin embargo, por el momento sólo hay cuatro opciones de estudio elaboradas, de las cuales ninguna es licenciatura.

“No sabemos si vamos a iniciar los cuatro juntos o primero uno y otro después porque eso depende de los recursos, esos ya están diseñados en algún momento se van a implementar uno a uno, tenemos el Profesorado en Educación Artística, un Técnico en Gestión Superior de las Artes y la Cultura, Técnico en Producciones Audio Visuales, y el Técnico en desarrollos de Productos Artesanales.” Detalló Bernal.

De esa manera, ISARTES está a  la vuelta de la esquina; pero, bailarines, actores y músicos aun se quedan en la parada de autobuses a la espera de que el ISARTES pueda próximamente incluirles en sus curriculas.

“Los desafíos son grandes porque se necesitan titulaciones, mejor dicho programas de estudios en casi todas las disciplinas a nivel de técnico y licenciatura, pero ahora vamos a empezar con cuatro que son las que se han diseñado.”  Expresó la directora de la comisión.

Educación Superior  sin títulos para los artistas.

Teatro en las calles de Nicaragua por parte de la delegación de la Universidad de El Salvador. La licenciatura en teatro es una deuda del sistema educativo.

La Escuela de Artes de la UES se fundó en el año de 1986 para la formación de profesionales y generadores de arte y cultura. Inicialmente se creó pensando en ofertar carreras en artes plásticas, musicales y escénicas. Sin embargo, sólo se ofertan cuatro modalidades de la licenciatura en Artes Plásticas. Las artes musicales y escénicas siguen siendo una deuda.

El coordinador de dibujo en pintura de La Escuela, Carlos Alberto Quijada, afirma que sobre  las especialidades escénicas y musicales, ya se han entregado propuestas  en dos ocasiones a la junta directiva de la facultad de Ciencias y Humanidades, éstas se han revisado y han tenido un visto bueno pero no se han ejecutado por falta de presupuesto y espacio físico.

Quijada agregó que se está haciendo un esfuerzo nuevamente de enfocarse en la construcción de la carrera en artes escénicas, particularmente teatro y danza por considerarlas como dos carreras que no necesitan mayor instrumental y sólo espacio. Caso contrario en la Licenciatura en música que requiere de espacios condicionados, profesores especializados y compra de instrumentos, por lo que afirma: “La carrera en música en la Escuela de Artes creo que es la que está más lejos que pueda echarse andar.”

En este panorama, los estudiantes egresados del bachillerato, aun no tienen la posibilidad de una educación superior en artes escénicas y musicales.

Por su parte, la coordinadora de la escuela de Bellas Artes de la Universidad José Matías Delgado,  Airline Zapata, informó que a partir del ciclo 1, 2019 se impartirá la Licenciatura en Música. La Matías delgado, con el apoyo de la Universidad Pedagógica de Colombia  generó el plan de estudio y ya está aprobado por el MINED.

La licenciatura en música se originó ya que la Universidad Matías Delgado presentó la documentación requerida en los tiempos indicados por la entonces Secretaria de Cultura. En dicho proceso la Universidad de El Salvador quedó descartada por no cumplir con los requerimientos establecidos, privando de esta manera a muchos aspirantes a carreras musicales.

Si bien la apertura de esta nueva carrera significa un gran logro para las artes, también significa marcar una brecha entre los que son capaces de costear estudios superiores en música, que rondan por los 60 dólares mensuales, y aquellos que ingresan a la única universidad pública del país.

Puertas cerradas, zancadillas y salida de emergencia

En El Salvador los espacios para licenciatura en artes plásticas son reducidos.

Tras una larga lucha por formarse como artistas y sin posibilidades dentro de la sociedad salvadoreña muchos se introducen al ámbito artístico y tocan puertas que en su mayoría están cerradas en un ámbito tan reducido y excluyente.

Sandra Cristina Grande, Bailarina Egresada de la END, viven en esa lucha de una obtención de empleo sumamente ocupada en gran parte por artísticas empíricos, al no existir una regulación que le ampare como profesionales.

Para esta bailarina folclórica, su rubro tiene oferta laboral, pero es ocupado por otros sin formación: “La danza folclórica tiene mucha demanda, pero muy poca gente sabe que hay personas formadas para poder enseñar danza folclórica, entonces cualquier persona que medio ha bailado en la escuela o un grupo, se toma como que ya puede, mientras que otros que se han formado son ocultos”

El ejemplo anterior es sólo uno de los casos de los profesionales que egresados de la END o el CENAR, no poseen un titulo que los catapulte como profesionales y les coloquen como opciones prioritarias entre los aspirantes a vacantes laborales.

Para la Directora de la Comisión  para la fundación  del  ISARTES,  Aida Bernal, El Salvador está aun en ese proceso (de industrias culturales), por ejemplo, Costa Rica, Colombia, ellos ya pueden definir cuanto del producto interno bruto proviene de este tipo de rubro, lo que es los audiovisuales, teatro, la producción literaria, la producción musical, cinematográfica, al final todo eso es un área de desarrollo económico.

Sin embargo, estos artistas que pueden contribuir al desarrollo económico, se encuentran con puertas cerradas al no poder ocupar puestos que otros han tomado pese a no tener la formación profesional. Otros son bloqueados por considerarse “no profesionales” ya que no poseen un titulo como otros que los han obtenido en el exterior, recibiendo zancadillas de otras personas del medio que les impiden tomar espacio.

Ante esta negativa muchos ven la solución en una puerta de escape que consiste  en abandonar el país y probar suerte tras las fronteras. Llevándose con ellos la oportunidad de contribuir al desarrollo social, cultural, artístico y económico del país.

Tal parece que en la actualidad se ha creado una lucha por apostarle al crecimiento del artista, sin embargo, mientras no se aporte  un verdadero presupuesto a las artes y no se dejen de utilizar los proyectos  en cultura como bandera de campaña política, la situación dista de mejorar.  

Sumado a esto, los proyectos impulsados parecen dispares uno de otro, por lo tanto en lugar de dar fortalecimiento a los existentes se apertura nuevos que se sumarán a la lista de carencias. Los esfuerzos se realizan de manera aislada y no como un todo que logre el desarrollo profesional del artista en su plenitud.

Es importante que se abran esa brechas para los estudiantes en bachillerato en música, se reformulen las instituciones como la END y el CENAR para poder titular a estos profesionales en formación y finalmente se dé la oportunidad real de una educación superior en artes para todos aquellos que aspiran a dedicarse a una vida bajo los reflectores, sobre las tablas y entre aplausos al final de cada función.

*Esta investigación es de archivo ya que fue realizada entre febrero y junio del año 2018 por: Francisco Javier Iraheta Elías, Yesenia Vadinia Aguilar Contreras, Oscar Armando Hernández Álvarez, Edwin Ariel Rivera Aragón , Brandon Eduardo Hernández Villalobos, Ana María Maravillla Gonzalez y María José Herrera Barriere.

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