Bad Bunny en el Super Bowl: ¿Celebración cultural o polémica innecesaria?

Bad Bunny en el Super Bowl: ¿Celebración cultural o polémica innecesaria?

Diversas reacciones ha provocado el último medio tiempo del Super Bowl. El espectáculo es esperado año con año entre las audiencias que desean un evento de entretenimiento sin precedente. Sin embargo, este 2026 ha generado comentarios diversos por la participación de Benito Ocasio, pues su presentación se ha dado en medio de un contexto delicado para los inmigrantes en el país sede del Gran Tazón. Y es que para muchos ver la bandera de tu país o escuchar que mencionan tu nación es reivindicativo.

En ese sentido, una de las grandes expectativas era si el escenario sería la oportunidad para que el famoso puertorriqueño levantara la voz ante las olas de deportaciones y el discurso que se maneja en medios oficiales de la nación con respecto a los latinos. Para sorpresa de muchos, el montaje de Bad Bunny ha presentado una estampa bastante interesante de la cultura rural y popular de Latinoamérica.

En el escenario se pudo apreciar una calle caribeña con puestos de comida como los cocos fríos y las piraguas (minutas para los salvadoreños). También, desfilaron trabajadores comunes y de oficios populares: vendedores, manicuristas y agricultores en un campo de caña de azúcar. Sin olvidar la escena del casamiento en vivo sobre el escenario, que remite a celebraciones familiares tradicionales. Agregan que los disfrazados con arbustos representan a los que cruzan el desierto en busca del sueño americano.

Obviamente, muchas personas se vieron identificadas por ese movimiento con fuertes referencias visuales a vida y cultura del Caribe, aunque muchos otros lo consideran reduccionistas, en tanto que somos más diversos. Muchos abogan a que es necesario quitar la etiqueta campesina a los países latinoamericanos.

Además, la incomodidad llega al punto de la necesidad de montar otro evento paralelo que represente lo que para otros son los valores que añoran las audiencias del mencionado evento, y que por consiguiente, ha generado una lucha entre cuál fue el mejor o más visto. Surgiendo así la batalla cultural.

Uno de los principales puntos en contra es la presencia de los denominados «antivalores» de su lírica que pesa tanto en las sociedades; algunos hasta sugieren ver la presentación sin sus letras. Su lenguaje explícito con fuerte carga sexual y de vida desenfrenada no se considera adecuado; por esto, no es visto como un representante de un buen estilo de vida. A esto se suma la crítica que, según muchos, Bad Bunny “no canta”, cuestionando su capacidad vocal y señalando como deplorable para un escenario que históricamente alberga a intérpretes de gran potencia vocal como Prince, Michel Jackson o Lady Gaga.

Otros, no ven en Bad Bunny un perfil revolucionario ni con voz política. Lo limitan a un artista con alcance masivo, que se alimenta de la misma industria cultural que se intenta criticar. Lo ven como parte del «show» y no se refieren al medio tiempo. Lo colocan en un plano de la cultura popular que no alcanza el nivel necesario de la organización política. Es paradójico hasta cierto punto.

Los comentarios son tan diversos que afirman que Bad Bunny fue coronado por Lady Gaga en una especie de ritual público donde los postes eléctricos representaban la crucifixión de Cristo, y lo acusan porque el cantante pateó una puerta con una cruz. Es más que claro que el evento no pasó inadvertido para todo tipo de públicos.

Lo cierto es que más allá del espectáculo musical, que es fuertemente criticado por el contenido de las letras y la calidad vocal del cantante, nos encontramos en lo que podría ser una declaración cultural, aunque eso lo decidirán las audiencias y la historia misma. Entonces, cabe preguntarse si los símbolos de identidad latina expuestos ante una audiencia global fueron lo suficientemente fuertes y significativos como para representar un momento histórico de visibilidad y orgullo cultural.

Y es que sea o no una celebración cultural, no se puede negar que generó incomodidad en ciertos sectores que criticaron el uso predominante del español, la centralidad de la expresión latina en un evento que tradicionalmente se entiende pertenece a la cultura estadounidense. Por ello, aunque nos desagrade una canción que habla de «tener muchas novias», el show ya trascendió para revelarse en un reflejo de las tensiones culturales actuales; esa lucha entre ser fiesta de identidad para unos o insulto para otros.

Las reacciones están divididas entre el orgullo de una fiesta de identificación latinoamericana por su inclusión de experiencias que no se habían visto en un espacio como el Super Bowl. Y, en contraste, los críticos cuestionan su contenido como reduccionista, con falta de neutralidad, poca calidad artística y hasta antirreligioso. La opción que escojamos dependerá de diversos factores, y sé que cada uno de nosotros ha sentado postura; pero… lo que no podemos rebatir es que no es un evento que pasó desapercibido, «está de boca en boca», será recordado para bien o para mal. Y como dice el dicho popular: «cuando el río suena es porque piedras trae».

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