De árboles y sueños

De árboles y sueños

Por: Álvaro Darío Lara

La poesía de José Ramos

He leído con detenimiento y con un agrado muy especial, como quien descansa bajo un frondoso árbol cuando el viento sopla, y se lleva el día, y nuestras ansias, el poemario del escritor José Ramos (1984), profesor, activista social e inquieto difusor de la cultura y de las tradiciones de su pueblo ancestral, Cacaopera, en el departamento de Morazán, El Salvador.

Curiosamente siempre que he intentado redactar esta nota sobre su trabajo poético los hados del destino han hecho de las suyas, desviándome en otras direcciones; igual ha sucedido con las ocasiones en que hemos estado muy próximos a encontrarnos. Por lo tanto, esta nota es un punto de honor hacia la obra de José.

La publicación que tengo en mis manos del autor, se titula “A priori” (2025) y esta calzada con el sello editorial S&R Editores, un notable y feliz esfuerzo de los jóvenes Josué Ramos y Elmer Sandoval, en el Oriente del país, quienes lanzaron hace unos meses esta colección denominada “Primera Matrícula”, en la cual también participa el poeta José Ramos.

Su poesía celebra la amistad y el intenso amor, el amor que no se engaña, que es coherente con su palpitante e ineludible verdad. Por ello, las citas de Pessoa, Camus y Martí, nos introducen perfectamente al corazón de esta poesía. Poesía, sí, de mucho ímpetu, que busca al poema, como los salmones, que nadan a contracorriente, buscan el mar infinito, para volverse plenos y luego desaparecer, asegurando, así, el misterio de la vida.

Una poesía de un auténtico lírico, con algunos visos de la estética romántica, pero que sondea temáticas y formas sugestivas. De esta manera poetiza el acto creador: “escribes los versos de la tarde/ y borras el poema que aún no escribes” (Poema: “Borrascosas”).

La fuerza vital está frecuentemente simbolizada en el árbol, ese gran referente poético y espiritual de las culturas, y desde luego, de Mesoamérica; y la fugacidad de la vida, el tránsito de lo hermoso, que luego será el recuerdo del escurridizo instante, se grafica en la mariposa; muchas mariposas sobrevolando estos versos, calentándose en las verdísimas hojas de la silvestre vegetación tropical.

El poeta se pregunta, al igual que los auténticos cantores prehispánicos: “¿A dónde nuestros sueños?” (Poema: “Quimeras de gorrión”) y solo sopla el viento, sobre los parajes de un mundo mágico y asombroso, sobre los portentosos maizales y sobre los techos de los antiguos tejados donde brotan, espontáneas, las flores de las maravillosas parásitas.

De pronto, su voz se quiebra y se duele en versos sencillos, como sencillo, al final, es el dolor, aunque se disfrace de complicado: “Déjame sentir tu ausencia, /extraño tu espera en casa; / ahora nadie me espera, como tú” (Poema: “El mañana siempre viene tarde”).

Las accidentadas relaciones de los amantes, se traslucen en esta poesía: “Mi amor no me ama como yo, / y como yo, su amor no lo ama”. (Poema: “El trato”).

Los últimos versos con los que cierra su libro, me recordaron al inmortal Quevedo, el del amor que trasciende la muerte, escuchemos a José: “La noria del tiempo se olvidó de olvidarnos;/ resistamos Yanman, / porque si no es en la tierra, en el cielo será”. (Poema: “Yanman”).

Felicitaciones a José. Las lecturas, el dominio de la técnica, escribiendo y borrando; borrando y escribiendo, irán dando excelentes frutos. No lo dudo. Bienvenida sea su palabra, entre nosotros, sus atentos lectores.

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