
El parpadeo del olvido
Viaje a la poesía de Josué Ramos
Hace unas semanas llegó hasta mi atiborrado escritorio un sentido libro de poesía de un joven estudiante de literatura, originario del departamento de Morazán, provincia que tanta historia atesora en el hermoso y siempre conflictivo mapa de la Patria.
El volumen en cuestión (“Mañana serás olvido”), me fue muy sugerente desde el inicio, no sólo por el cuido que constaté en la articulación formal de los poemas, sino también por la sobrevivencia de ese sentir primordial al trabajo técnico que evidenciaban, lo que no siempre es fácil. En ocasiones, la valiosa e irreemplazable espontaneidad es sepultada por los artificios verbales, que terminan destruyendo al poema, pero esto no ocurre con los textos de su autor Josué Ramos (2000).
Su discurso humano, afincado con toda naturalidad en la poesía, lo hace encontrar en ella, y en su vehículo lingüístico, el poema, la vía más auténtica de su expresión. Y es que, no hay salvación, para Josué, la poesía lo ha elegido, siente como poeta, y se expresa como tal; y ante esto, no hay escapatoria.
Leyendo y meditando sus versos recordé el poema “Desdicha” del español Luis Cernuda (1902-1963) perteneciente a su obra “Un río, un amor” (1929), cuando al final nos dice: “Pero él con sus labios, /con sus labios no sabe sino decir palabras:/ palabras hacia el techo, /palabras hacia el suelo, / y sus brazos son nubes que transforman la vida/ en aire navegable”.
A nuestro joven poeta no le quedan más que las palabras, las metáforas, las imágenes, los símbolos, con los cuales construye su poesía, y arrebata a ese olvido, que invoca tanto en sus poemas, la portentosa belleza del amor, acaso una llama fugaz en la vida de los hombres y mujeres de este planeta; una sobrenatural intensidad que luego se desintegra inevitablemente. Por ello, transido de esa convicción, de ese destino, afirma en la primera estrofa de su poema “Al fin”: “Hoy, / arrojaré tus recuerdos/en la hoguera del olvido/ para que ardan en el fuego de tu ausencia. / Y sean brasas / y luego cenizas/ y luego nada”.
La poesía de Josué está inscrita en la mejor tradición de la obra artística y literaria, y confirma su particular dimensión: la creación que surge de la pérdida, del desencanto, de la desolación y que se compensa de la manera más total y absoluta a través de la producción de la obra, del poema, en este caso.
Este es un libro de un otoño juvenil, donde transitan los recuerdos, las sombras; donde los remolinos de polvo, nos sorprenden, se burlan de nosotros en las frías y neblinosas calles de los amores sombríos que pasaron, dejándonos las manos vacías y el corazón calcinado, utilizando elementos propios de la poética de Josué.
De pronto, proveniente de una vieja y estropeada victrola, se escucha un tango, en la luminosa voz de Carlos Gardel, Josué ingresa al arrabal de los amores; esa penumbra donde nos arrebatan el alma con gran facilidad, dejándonos en cruel abandono. Sin embargo, el poeta busca, busca “lleno de esperanzas”, como en la antigua canción del gran argentino. Así nos expresa: “me sumerjo en un nebuloso recuerdo/ a buscar tu espejismo”. (Poema: “La niebla”).
Poesía de la pérdida: “Y del amor sólo quedan despojos, / escombros en la memoria, / plumas derramadas/ en el silencio de los relojes”. (Poema: “Pájaros cautivos”).
Una poesía de místicas ceremonias, donde se inhuman los corazones en el corazón de la tierra, donde ocurren toda suerte de extraños rituales. El poeta se yergue como un terrible y misterioso alquimista; como el gran sabio de los intrincados laberintos del alma. En ese sentido, subrayo su poema “Corazón oculto”, una singular pieza en este valioso conjunto poético que Josué nos ofrece.
Un fuerte pálpito amoroso recorre este libro, que señala, sin equívocos, a esos primeros amores, tan demoledores, y cuya irradiación nos acompañará siempre, inexorablemente. El poeta lo sabe: “pero qué se le va a hacer/ el hombre que ama demasiado se fragmenta/ en alguna mujer/ pero yo desprovisto de amor/ amé poco y aún así me toca juntar mis fragmentos”. (Absurdo poema II).
La poesía nació, en el comienzo de los tiempos, unida indisolublemente, a la música, al ritmo, a la danza; y desde luego, a la pretensión de nombrar lo innombrable, que, como sabemos, originó luego la religión. Por tanto, la conexión con la música y con la dimensión espiritual constituyen signos distintivos del género poético.
Cuando preguntábamos al joven autor sobre sus inicios en la escritura nos dijo: “Comencé a escribir desde que aprendí a leer, influenciado por mi madre, quien escuchaba todo tipo de música y me cantaba”. Y ese canto que arrulló al niño Josué de entonces, fue impregnándose en su alma tan propensa a la poesía, por ello su intuición y manejo del verso libre y del medido, en nuestra lengua española, es tan claro en su trabajo literario.
En cuanto a su estructura “Mañana serás olvido” se divide en cuatro secciones: “Primeros poemas” (2020-2021); “Para que no migren los pájaros” (2022); “Lluvia y otros poemas” (2023) y “Poemas absurdos” (2024), integrando un total de treinta y cuatro poemas.
Cierro estas palabras, con un nostálgico fondo del gran cantante de jazz: Al Bowlly (1898-1941) -uno de mis preferidos- cuya música tan melodiosa y triste, se ha intercalado, magníficamente, con la voz poética de Josué Ramos, al momento de escribir esta presentación.
Mis felicitaciones a este talentoso y prometedor autor, al que auguro, de continuar con su admirable disciplina de lectura y ejercicio poético, una obra significativa en nuestras letras.

Prólogo de Álvaro Darío Lara.
Santa Tecla, El Salvador, septiembre de 2024

