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Los dioses de Álvaro Darío Lara cuentan las horas

Los dioses de Álvaro Darío Lara cuentan las horas

A mis manos llegó el nuevo poemario de Darío Lara, quien representa para mí una fuerte influencia literaria en los últimos años. Luego de leer su «Quiromancia», tener otro de sus textos ha valido la pena página por página. «Los dioses son extraños I», ha estado escondido por mucho tiempo y era el momento de salir a luz. Esto ha sido posible gracias a «Chifurnia Libros» que ha publicado esta primera parte de lo que serán cuarenta años de trabajo literario.

He de rescatar la exquisitez de su estilo, cuidado mesurado y hasta su excesivo celo por un producto notable que trascienda del contenido a la forma. Su poesía es una literatura de trabajo puntillista que se refleja en todo su libro. Leerlo nos hace pensar, ¿Cuánto tiempo habrá tardado en seleccionar esta palabra?

La nueva obra del autor es un reflejo de la importancia de no dejar a un lado el «afán por el perfeccionamiento», y no la creación de textos «a granel». El tiempo no importa cuando se busca la calidad.

Y, hablando de tiempo, es quizás el elemento en el que me centraré en este breve comentario. Lara, nos presenta un texto sumario que abarca años de su trabajo que se ha venido refinando, sin embargo, la estructura interna del poemario es también una línea temporal poética.

Esa voz interna en sus poemas vive contando los momentos y los congela en sus versos. Es indudable que hay momentos que guardamos para la toda la vida, y este poeta sabe que no hay mejor forma de atesorar las memorias que la poesía.

La voz lírica creada por Lara, cuenta las horas para indicar el abrasador poder del tiempo. Veamos los siguientes ejemplo:

«Cuarto a las seis./ Y era la luna en tus cabellos húmedos./ El buscar tu palabra./ La cintura exacta/ a la altura de tu cuello./» (Viaje)

«Abandonado al sol/ a la caricia del viento/ Las cinco de la tarde/ la hora más bella» (Tarde)

«La 1:00 pm/ y bajo la música eran mágicos/ y lentos todos los automóviles./ (Café)

Y así recurrentemente, los dioses extraños de Álvaro Darío Lara cuentan las horas, porque el tiempo es materia primordial en su nuevo libro. Por eso los días no se escapan; en su poema «Noviembre 5», dice también: «Hoy es lunes/ inevitablemente lunes/ rastrojos aún/ ruedan adentro/». Leer este poema nos hace viajar en el tiempo y recordar aquellos viernes, miércoles o lunes congelados en nuestras mentes.

La temporalidad sigue haciéndose presente por el paso y peso de los meses, veamos los siguientes ejemplos:

«En octubre/ prometí regalarte un geranio./ Arrancarlo de la casa materna./ Sembrarlo./ Abonarlo./ Sentir fijo su tallo./ Ver sus raíces seguras. /» (Geranios)

«Con el fuego legítimamente mío/ afincado, profundo, exacto/ en esta habitación de las diez y veintiuno/ del primero de enero limpio/ en años/ palpo tu distancia/ hermosa melodía/ Primera y verde.» (Enero uno)

Pero, Lara no sólo cuenta las horas, los días y meses, también hace una reflexión de la vida y su constante cambio a través del tiempo y dice: «Todo aquel tiempo señaló a la materia./ Dijo: -Ese fue su rostro./ Loco en la obsesión. Ambulante/ en el veloz extravío del secreto espejo./ Vedlo bien ahora:/ ese fue su rostro, el perdido, el de piedra.»

Luego, afirma en «Más allá del tiempo»: «Y se hacen presentes a la hora señalada/ todos los sudores de los condenados a muerte,/ toda la sangre de los juglares y hechiceros/ y un interminable quejido que circula en el aire.», nos hace reflexionar sobre ¿Qué muere, las personas o sus ideales?

Ahora bien, el futuro no se escapa y surge entre las líneas temporales creadas, que no es lineal, sino más bien cíclico. Algunos casos de las caricias al futuro se pueden identificar desde distintas ópticas.

Primero, hace predicciones, «El día que abandone esta vieja casa/ oscuros fantasmas de 1920 sonreirán finalmente./ De sus habitaciones se levantarán/ los antiguos espíritus de mis antecesores/» (Mayo). Este es un poema sumamente solemne, donde luego agrega a menara de un fin predicho: » Las telarañas y el polvo establecerán su imperio/ y se apagará el sol en los patios.»

En segundo lugar, nos presenta una ventana simbólica de visión hacia el futuro, «Huerto húmedo en la ventana matinal del sol./ Se disuelve la amargura en los carretones que pasan.» (Epigrama II).

Por otra parte, los espacios físicos van cambiando y reflejan que nosotros también somos diferentes en las distintas épocas de la vida. Nos reflejamos en la transformación de los espacios geográficos, así lo describe Lara con los siguientes versos: «En los patios grises descascarados/ donde tiembla el agua pútrida/ del abandono/ viejos patios, viejas estatuas/ verdes ya,/ musgosas,/ rotas.» (Patios); «Vienen a mí/ -de nuevo-/ los viejos fantasmas./ El mercado fue demolido./ Ciénegas. Basurales.» (Santa Tecla)

Claro, ante ese pasar del tiempo inevitable es imposible que el autor no diga: » Pero sabes, se está agotando el tiempo./ De la rosa o del agua./ Asísteme poesía. Asísteme.» (Deprecación), Lara es consciente de lo inevitable: «Mañana,/ el sol nos destrozará.» (Noche de fiesta)

Y no sólo los espacios son luces del tiempo; las personas también. Hay seres poderosos que se materializan en la poesía de Lara, sin querer los volvemos eternos. Así, hay alguien cuya presencia hace eco aún: «Entonces ese era, el único sentido./ Un hermoso recuerdo/ la voz de alguien/ el seguir cantando.» (Entonces)

Retomando esos seres eternos, si bien el autor siempre guarda un tono reservado que no refleja tanta fragilidad, y que por el contrario, es sereno y mantiene la compostura; entre su sumario hay textos cargados de ciertas declaraciones que nacen de lo más hondo del ser. Veamos cuando confiesa: «¿Qué quieres…?/ si aquí está/ -presa de ti-/ mi moribundo corazón.» (Nueva Era)

Tal parece que hay almas suspendidas en la mente del autor, y él les habla de la siguiente manera:

«Ese fue su color./ Exacto./ Idéntico/ a este corazón/ que tú/ ya conoces.» (Este geranio tuyo)

«Ayer soñé Santa Ana/ y hacía falta tu sueño. tu brisa./ Tu dulce y distante mañana.» (Ayer soñé)

«Déjame pensar que el tiempo no existe/ que tu risa durará toda la vida.» (Déjame)

Finalmente, hay dos sensaciones ligadas al tiempo, la nostalgia y la pasión. Pero, ambas melódicas y armoniosas.

En cuanto a esos destellos de nostalgia, puedo remarcar cuando se lee: «Hoy toca digerir/ cierta soledad, hacerla mía./ Sentir el tren/ que suena y se aleja./ O tal vez/ revivir el sueño/ asirme a el no sé.» (Confesión)

Sobre la pasión, en su poema «Viaje» se presenta una descripción poética de perfección de un cuerpo, es sin lugar a duda, un cuerpo hecho versos. «La cintura exacta/ a la altura del cuello./ También el moribundo crepúsculo./Naranja. Dorado eras tú.» (Viaje).

También, su poema «Ahora» agrega una representación ardiente de la verdadera pasión: «…Acaricio mil veces tu piel, respiro centímetro a centímetro / tu cuerpo/ nuevo/ dorado./ Hoy ensayamos nuestra propia unión./ Cópula./ Suaves muslos/ suave la noche…»

En fin, la lectura de la nueva obra de Álvaro Darío Lara, nos hace viajar junto a él por esas fases de la vida, que aunque única para cada uno, siempre hay puntos de encuentro. Ese es el poder de su poesía, nos hace sentirnos parte de ese viaje, y es que nosotros llevamos nuestra propia travesía. De pronto, sus versos tocan fibras sensibles de tristezas, nostalgia, zozobra, miedos, felicidades, añoranzas, pasión… es decir, la vida en el tiempo.

Quiero finalizar con ese poema, que en lo personal me invadió de cierta tristeza, son esos puntos de encuentro que ya he mencionado. El poeta Lara manifiesta: «Quédate para siempre en tu retrato./ Qué jamás se extingan las veraneras./ Que siga sonando tu viva melodía/ Que seas una encendida presencia./ Renovaré a diario tu canción./ Continuaré regando -con el agua más clara-/ mi sediento corazón./ Ésa será mi locura. Ése será mi más amado sueño.». (Diciembre último)

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Javier Iraheta