
Gracias a quien se debe agradecer con flores y palmas
Con gran alegría se anunció recientemente que la Cofradía de las Flores y las Palmas, una de las expresiones culturales más coloridas de El Salvador, fue inscrita oficialmente en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, convirtiéndose en la primera manifestación cultural salvadoreña en alcanzar este reconocimiento internacional.
Se han visto muchas muestras de alegrías y de «orgullo nacional», pero pocos se detienen a pensar en todo el trabajo y esfuerzo que requiere mantener en pie una manifestación cultural en medio de una sociedad tan reacia a las expresiones tradicionales y obsesionada con lo nuevo y extranjero.
En ese sentido, es necesario preguntarnos quién ha hecho posible que con el pasar de los años la Procesión de las Flores y las Palmas de Panchimalco siga vigente, y cómo en contraste con otras prácticas religiosas y culturales, no ha desaparecido. ¿A quién agradecer el empeño y sacrificios para que hoy seamos reconocidos por la UNESCO?
Sin lugar a duda, las personas que han hecho y siguen haciendo que esta festividad permanezca viva en el pueblo han dado un doble esfuerzo: la mayordomía, las capitanas, los historiantes y los chapetones, entre otros que mueven los hilos de esta belleza colorida de Panchimalco.

Si bien el país es homenajeado con esta muestra de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que no es inmaterial es la vida de esos pobladores comprometidos con sus tradiciones y sus raíces, hombres y mujeres orgullosos de sus expresiones y su identidad.
Por otra parte, no se puede obviar el histórico esfuerzo de la desaparecida Casa de la Cultura de Panchimalco, que con gran ahínco impulsó y promocionó las tradiciones culturales y religiosas. No hay duda que ese trabajo de acompañamiento hoy tiene sus frutos, aunque la institución ya no exista como las demás casas de la cultura del país.
Mención honorífica a Odilia Guzmán quien por tantos años fue la directora de la Casa de la Cultura.
Reconociendo sus aportes hacia la cultura del municipio con amor por su trabajo, su pueblo, su gente y sobre todo las costumbres y tradiciones. Lamentablemente fallecida y sin ver este logro para su municipio; pero, quien sembró parte de la semilla de las flores que hoy germinan.

Al igual que niña Odi, René Gregorio mejor conocido como «Pan Quemado» trabajó de una manera incansable por la cultura y tradiciones de Panchimalco hasta su fallecimiento. Año con año lideraba el comité que se encargaba de todos los juegos y eventos que hacía la Casa de la Cultura en el marco del Festival de las Flores y las Palmas, así como en los eventos de las festividades y cofradías del pueblo.

Así, aunque en el anonimato son muchas las personas que con fervor le dan vida a esta hermosa tradición rodeada de fe, flores y palmas. Este reconocimiento no fuera posible sin sus manos en la obra. Todos los que integran la mayordomía, las capitanas, los historiantes, los chapetones y la población fervorosa son la expresión viva de las Flores y las Palmas.
¡Felicidades a los pobladores de Panchimalco! sigan adelante manteniendo con vida sus tradiciones y el legado de los que ya no están. Sigan adelante como ejemplo de que es posible convivir con la cultura de nuestros pueblos.

