Dialéctica del amo y el esclavo, José Alfaro Gallardo (Antología)

imagen con fines ilustrativos | Yura Timoshenko on Unsplash

Sobre el autor

José Eduardo Alfaro Gallardo es egresado de la carrera de filosofía de la Faculta de Filosofía y Letras de la UNAM.  Actualmente lleva a cabo estudios en el campo de la estética y filosofía de la cultura, al mismo tiempo que desarrolla su escritura creativa. Suele visitar diferentes parques y cafeterías de la ciudad de México, de donde extrae contenido para sus narraciones ficticias.

Acontinuación se presentan 3 microrrelatos de José Alfaro.

El doble Yo

Crucé la avenida y me encontré con un vendedor de libros viejos. Me detuve a mirar con parsimonia los títulos. No tenía mucho qué hacer, perder un rato. Novelas clásicas, compendios de cuentos, libros de aritmética, poesía y el Baldor obligatorio. Mientras mi mirada daba revista desde la distancia, emergió mi nombre como autor de un cuento. Mis dos nombres y mis dos apellidos. Había un problema: yo jamás había publicado un cuento. Lo tomé y comencé a dar lectura; hablaba de un hombre que se encontraba, al cruzar una avenida, con un vendedor de libros viejos. El hombre veía su nombre en uno de ellos y, confundido, lo tomaba. Antes de abrirlo, le llegó de súbito un miedo, un dejavú quizás, y decidió sin abrirlo regresarlo a su lugar. Ahora, desde abajo, lo veo perderse en la distancia, a ese yo que no soy yo. Espero, mientras envejezco, a que regrese, me tome entre sus manos y pueda quizás, volver a escribir un cuento.

Dialéctica del amo y el esclavo

Si trazara una línea recta imaginaria, ellos estarían justo delante de mí. Si siguiéramos cada uno su respectivo camino, evidentemente nos estrellaríamos. Sin embargo, esto nunca sucede. Siempre uno cede el camino al otro. O lo hacen los dos, dando como resultado; o bien un bailoteo del uno con el otro, o bien se abre la distancia perfecta. Pero casi siempre es uno quien cede el camino.

Quien se aproxima del lado contrario es una pareja que pasea su perro mientras hablan de lo que no está prohibido hablar; de su día sin mayor detalle, del compañero de trabajo, del calor que está haciendo en la ciudad, del dolor en la espalda y de la cita con el dentista.

Nos vamos aproximando cada vez más. Una de las partes tendrá que ceder, y esa parte no seré yo. Está decidido.

A pocos metros de distancia, yo diría dos, al unísono, sus pies derechos se abren en una diagonal hacia mi lado izquierdo. En el día a día sucede mucho; quien cede una vez, cede siempre.

Me han pasado de largo. Han modificado su trayectoria y no son conscientes de ello. La conversación sigue. Ahora hablan de una tía de ella; ya no la soporta.

Entre el amo y el esclavo, prefiero ser el amo.

El poeta abusador

Está ahora durmiendo en mi cama. Es una completa extraña. La he visto una vez, y hoy me ha pedido quedarse por no tener otro lugar a dónde ir. No sé si ir a la alcoba ahora con ella o esperar aquí en el estudio escribiendo este cuento. Si voy a la cama no sé si debería seducirla o solamente echarme o dormir. Tal vez su propuesta de quedarse fue una excusa para seducirme. Acabo de ir a la alcoba y está completamente dormida. Pero puede ser que esté fingiendo y que cuando me meta entre las sábanas espere a que la toque suavemente. O más bien fuertemente. Seguramente, es una de esas chicas a las que le gusta simular que se resiste, pero que en verdad se excita con actos ligeros de violencia, o más bien fuertes. Si, ya lo he notado; ella es una de esas. Por eso, ha aparentado no sentirse sexualmente atraída por mí. Es su juego. Y yo se lo voy a seguir.

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