Los salvadoreños y el medio ambiente

Fotografía – Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).

Existen varios atributos que pueden definir a los salvadoreños, sin embargo, algo que en definitiva no les caracteriza es su cultura medio ambiental. El salvadoreño común está acostumbrado a una actitud relajada en temas ambientales, tanto, que hasta el mismo Estado salvadoreño no prioriza políticas que garanticen la protección de los ecosistemas y demás recursos naturales con los que cuenta el país.

El Salvador tiene antecedentes que dejan en evidencia la ligereza de sus leyes en materia ambiental, lo que ha permitido que la industria dañe el suelo y mantos acuíferos, por ejemplo: la contaminación por plomo originada por los desechos de baterías RECORD y los desechos de la fábrica de pesticidas QUIMAGRO.  A esto, se suman los índices de deforestación encabezados por los proyectos urbanísticos, y cuyos permisos son autorizados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).  

“Según datos del MARN el país lo estamos deforestando un promedio anual de 4 mil 500 hectáreas de bosque y hemos reducido las áreas naturales a 1.87 en todo el territorio nacional” menciona Miguel Alvarado, miembro de la Asociación de Comunidades Ambientalistas de El Salvador (ACAES).

Si bien la gran industria ha tenido influencia en el deterioro del medio ambiente, la población salvadoreña también tiene parte de culpa, a continuación, se detallan algunos aspectos de la cultura salvadoreña que contribuyen a la contaminación ambiental.

Falta de reciclaje

En El salvador, el reciclaje no es una práctica generalizada, de hecho, el uso de plástico es una constante, al igual que en todo el mundo.  según datos obtenidos del Ministerio de Medio Ambiente se estima que las zonas urbanas del país producen unas 3,400 toneladas de basura diariamente.

También, es de tener en cuenta la costumbre del salvadoreño de botar la basura en la calle, y aun cuando lo hace en los depósitos de basura, no acostumbra a separar los desechos orgánicos e inorgánicos.  Junto a la región latinoamericana, El Salvador, estaría generando anualmente un total de 231 millones de toneladas de desechos, de los cuales solo se reciclan menos un 5%. 

Quema de maleza, basura y uso de leña

Una parte de la población rural de El Salvador utiliza la quema de maleza para preparar el terreno para la siembra o recurre a la quema de basura para eliminar desechos. Los resultados de la Encuesta de Hogares de propósitos Múltiples 2019 reflejan que “el 35.6% de los hogares salvadoreños se deshacen de la basura quemándola […] en el área rural el porcentaje aumenta al 71.6%”.

En adición a lo anterior, hay que tener en cuenta el uso de leña para cocinar en algunos sectores de población. Si bien, hoy en día el consumo de gas propano se ha generalizado, “se estima que el 2.4% de hogares urbanos y el 16.9% de hogares rurales cocinan con leña” lo que contribuye, al igual que la quema de combustibles fósiles, al calentamiento global y a la disminución de la calidad del aire.

Uso de combustibles fósiles

El petróleo es la principal fuente de energía en El Salvador, en menor proporción se utiliza la energía hidroeléctrica y geotérmica. El problema del uso del petróleo y sus derivados radica en la emisión de Dióxido de Carbono (CO2) por el proceso de combustión. Lo que influye en la disminución de la calidad del aire y favorece el calentamiento global.

“Las fuentes energéticas más importantes consumidas en el país son los combustibles de origen fósil, entre los que destaca el fuelóleo, utilizado principalmente para generación de energía eléctrica, así como las gasolinas y el diésel, usados fundamentalmente como carburantes en el sector transporte”, se menciona en el Primer Informe Bienal de Actualización El Salvador 2018.

Asimismo, la emisión de dióxido de carbono ha incrementado debido al aumento del parque vehicular. “De acuerdo con información del Viceministerio de Transporte, el parque vehicular a nivel nacional aumentó de 613.100 unidades en 2005 a más de un millón en 2016, con un crecimiento más acelerado desde 2011”, dice el MARN en su memoria de labores 2019-2020.

La calidad del aire domiciliar se encuentra deteriorada, tanto en las zonas urbanas debido a la excesiva emanación de gases de la flota vehicular como de las industrias, y en las zonas rurales por el uso de cocinas de leña para la preparación de los alimentos.

Arrojar basura a ríos y quebradas

Otra costumbre del salvadoreño, especialmente de los que viven cerca de quebradas, es arrojar basura y desperdicios a las afluentes de agua, contribuyendo a la contaminación de los mantos acuíferos. El MARN estima que “unas 9,446 libras de desechos plásticos y 11, 079 libras de materiales inorgánicos van a parar al océano conducidos los cauces de los ríos”. 

“En cuanto a la contaminación del agua, un estudio de FUNDE-USAID reveló que el 93% de agua residual se descarga sin tratamiento en los ríos y quebradas, el 83% de agua superficial está contaminada y sólo el 11% del agua proveniente de las precipitaciones se infiltra en el suelo” , esto según los datos obtenidos del Resumen Ambiental Nacional (RAN).

Según ese informe “el 77% de las aguas superficiales se encuentran con algún grado de contaminación” por lo que solo es aceptable para riego de cultivos, pero no para consumo humano.

Con lo antes expuesto, se puede concluir que los salvadoreños son culturalmente indiferentes a los problemas medio ambientales que le rodean hasta que se ven directamente afectados por ellos, muestra de ello son las inundaciones en causadas por la obstrucción de los sistemas de alcantarillado generado por la basura arrojada a los tragantes.  Por otra parte, el Gobierno prioriza la economía sobre la conservación del medio ambiente, autorizando proyectos de construcción que deforestan áreas verdes y contaminan mantos acuíferos.

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