
Francisca Alfaro: Bestiario, entre lo sagrado y lo salvaje
A través de Francisca Alfaro, en su último libro, he viajado por campos floridos habitados por serpientes, salamandras, murciélagos; acaso nuestras mentes no son un bestiario. La imagen de la mujer no se escapa de la poesía de Alfaro, y no es que lleve una etiqueta de poesía de mujer, como distintivo o como estereotipo. No, la poeta ha encontrado una voz universal que nos presenta lo femenino de una manera a veces cruda, a veces mística. Su creación literaria es una que en ocasiones prescinde de los hombres; sin embargo, su mundo lírico es perfecto así… sagrado, violento, amoroso, irónico, épico… es una realidad poética llena de símbolos que no se contradicen.
«Campo florido» (2026) es la reciente publicación de Francisca Alfaro junto a Anonimato ediciones. Ahora, la escritora nos presenta una propuesta alejada de lo «urbano» para centrarse en la mística de la naturaleza, pero no son versos descriptivos de la campiña, sino un mundo donde lo silvestre se mezcla con un plano espiritual. Entonces, su poesía no divide en dos (espiritual y natural), sino, dibuja uno solo que es místico y natural.
De esa manera, «Para nosotros enfermos/ animales desplumados» (Murciélago IV), es una forma de presentarnos como observamos y vivimos ese mundo espiritual; que además, es onírico «Acaricias tu soledad/ con las muecas aún húmedas/ de la roca madre / y cantas a media tarde» (Murciélago VI).
Hay en el sustrato de su poemario una voz indigenista, pero sin ser explotada o con la intención de apropiarse de ella para lucrarse esta identidad como estrategia nostálgica. Por el contrario, no hay ninguna sugestión a ello, simplemente emerge de manera natural a través de la fuerte carga simbólica de sus poemas. De esa forma es como parece cantarnos con sus palabras: «Serpiente de coral./ serpientes mínimas./ Envenenando los huecos/ envenenando estanques de lluvia./ Serpientes golpeando al viajero/ macehuales/ pájaros serpientes/ de verdes escamas y colores del río.» (Salamandra III)
Alfaro construye un espacio donde lo mítico y surrealista se amalgaman en ese campo florido que no necesariamente es pacifico, pues llega a lo salvaje, como la mente misma, cuando dice: «Auroras en los ramajes del insomnio./ Auroras dulces de la muerte.» (Aurora I) y luego agrega: «Las tormentas mienten/ también los rayos/ detrás de ese cerro./ Han mentido/ diciendo un solo nombre.» (Aurora VII)
Pero, como he mencionado al principio, lo que más me ha impactado es la figura compleja de una mujer ancestral como esa que transmuta «mujer murciélago y mujer serpiente» y transita entre esos mundo que al final son uno solo: «Todas las mujeres / que aman / enseñan el camino del fuego / si no aman/ se echan a dormir/ y nunca muestran la luz» (Murcielago IX)
Tras leer Cartón para un monólogo de la misma autora, me encontré con una mujer de la urbe que nos guía por las calles. Pero, en esta ocasión, como el conejo de Alicia en el país de las maravillas, nos lleva a su madriguera: la mente de una mujer ligada a la espiritualidad, no religiosa, sino ancestral y humana. Al leer los animales que Francisca nos muestra, no encontramos a una mujer que no se limita a observar ese mundo bestial para mimetizar, sino que es parte de esa esfera salvajes; es serpiente, pez, conejo, murciélago…
Los animales en la mente de Alfaro
La variedad de animales presentados por la escritora nos hace adentrarnos a esa complejidad del pensamiento de la mujer «alfarina», me atrevo a adjetivarla. Esa mujer propia e individual, hasta quimérica que nos habla entre sus versos. Ahora, la poetisa ha tomado a bien darnos un paseo por esa complejidad de pensamientos de la mujer de su poesía. A partir de ello, se podría describir así:
Murcielago
- Suele aislarse, «El amor que guardaste entre las alas/ el amor oscuro/ para llenas ahora caracolas/ para marcar las piedras con tu nombre.»
- A veces, se hunde en su propio mundo interior, dejando en silencio el que le rodea, «Tú miras hacia el mar/ y olvidas las cruces/ porque nada es cierto/ en ellas como ejes del inframundo/ solo el color verdes de los caminos.»
- Dueña de pensamientos ancestrales, «porque sabías que el ojo/ de la mujer suicida/ y su cabellera/ te pertenece desde antes/ que la angustia precipitara los pasos».
- Es consiente de la situación de otras mujeres, «Todas las mujeres/ que aman/ enseñan el camino del fuego/ si no aman/ se echan a dormir/ y nunca muestran luz.»
Salamandra
- Silenciosa y calculadora, «la salamandra del viento/y la magia de diez días»
- Creadora, «fuego caduco de los dioses./ Poesía hirviendo en los sesos/ de un mono gris/ que escapó del eclipse»
- Pasional, pero de control emocional, «Salamandra en la piedra/ orgía del sacrificio/ Denso humo de incienso/ y el tabaco negro de los labios.»
- Resistente al trauma, «tú iniciaste el noveno camino/ tú engendraste el amor por el fuego/ tu marcaste el torso/ de los decapitados por la luz.»
Aurora
- Mensajera, «Auroras dulces de la muerte.»
- ¿Por qué no? a veces peligrosa, «que se convierte en búho/ que calcina los deseos/ que come los corazones de los pájaros tristes.»
- Renace, «Los ojos de la muerte/ tienen algo de arcoíris/ La sangre de la lluvia/ tiene mucho de pájaro.» «es un útero florido/ una canción/ de antiguas batallas.»
Tortuga
- De paciencia heredada y ancestral, » Ibas por costa/ impoluta y orgiástica/ celebrando el verano/ mirando el horizonte/ de los mares revueltos.»
- Carga el peso histórico, «Desapareciste/ y te encontraron mil años después.»
- Es un mar de emociones, «Todas las criaturas infernales/ son víctimas del fuego/ son hijas locas de la serpiente gigante/ y del viento.»
- Es consciente del tiempo, «El espejo fue su ultimo rostro/ para nacer en la locura roja./ El espejo de piedra/ dejándole la piel muerta.»
Conejo
- En ocasiones huye, «blanco algodón con olor a fiebre/ corres/ con la sangre preciosa/ de los trescientos luceros.»
- De poder fértil, «alegría simple/ de sexos incesantes/ fluyendo cual colmena/ entre la patas.»
- Introspectiva, «Una cueva necesita/ tu astuta huida/ para besar la tierra/ con la mordida de un invierno.»
Colibrí
- Aletea entre la esperanza y la ternura, «Los pájaros negro/ sus eternos otros/ sus plumas son el arcoiris/ sus aleteos de ternura/ la simple palabra/ que dejan en las hojas/ tras el invierno que embarga».
- Posee una fuerza oculta, «mueve los discos de la luna/ y es ternura tu aleteo feroz», con una hermosa paradoja de lo pequeño y poderoso.»
- A veces desequilibrada, «Ninguna paz/ en el silencia no hay paz/ solo locura/gravedad y luz en la pupila/ orillando el temblor de los locos…»
- De frenesí constante, aunque en ocasiones es efímero, «se dibujan como eternas llamas/ que saben de amores frutales/ que olvidan amores en el mar.»
Pez
- De profundos pensamientos que emergen, «Agalla con el rojo/ de pez buscando aire».
- Cautiva pero libre en su agua, «Arrastramos el dorso abierto./ Cangrejos entran en el pecho./ Pedacitos de músculo / son llevados por él.»
- Productora, «me fecundó de corales.»
- Con miedos ancestrales, pero que se convierte de presa a cazadora «Bestias surgidas de la profundidad/ abalanzándose sobre el hombre.»
Campo Florido es un libro lleno de contrastes que presenta imágenes no como son, sino como habitan salvajemente; pero, en armonía en la mente. Su bestiario bien puede ser una imagen de la complejidad de la mente que va del pensamiento oscuro del murciélago y salamandra, a la lucidez de la aurora, luego a la memoria y resistencia de la tortuga, después a la esfera mental del conejo y colibrí, hasta finalmente al silencio profundo del pez. En ese engranaje natural, pero sagrado, se atreve la escritora a llevarnos de expedición.
Lo cierto es que todo escritor tiene sus virtudes, y la de Francisca Alfaro es su valentía al escribir, pues en sus palabras dice: escribe para ella y ya en el camino surgirá algún lector, si hay suerte. Pero, cierto es también, que su literatura merece ser leída pues es un ejemplo de gran constancia y devoción por la palabra. No dudo que si tiene sus lectores.

