Caos de Óscar Fuentes – Revista Culturel
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Caos de Óscar Fuentes

Caos de Óscar Fuentes
Javier Iraheta – Editor de Revista Culturel

Como un desorden de versos define Óscar Fuentes su poemario titulado Caos, pero al adentrarnos a su texto descubrimos un mundo lírico pensado con detalle y profundidad. Fuentes nos presenta un Caos perfecto y tan real que parece una fotografía de las vicisitudes de la vida misma.

«Caos» de Óscar Fuentes, es la obra ganadora en la rama de poesía del Certamen Ipso Facto 2020. Es una obra que nos traza a un hombre natural, sucio y manchado, sin remilgos y antifaces. El ser humano de Caos forma parte de los “hombres oscuros” (Caos) y nos describe como víctimas y victimarios de una realidad corrupta y atrincherada.

Leer Caos es tocar las fibras de la violencia, que es indudablemente una parte del ser humano. Sus poemas se marcan por un lenguaje sanguinario, brutal y directo, pero eso impregna el poemario de un estilo único y característico del autor. Veamos algunos ejemplos de esta crudeza literaria:

“Ve una mujer flaca / con la cara rajada hasta el cráneo, / pero la puta sólo levanta una ceja / y estira la sonrisa;” (Sobre la avenida España y la 11 Calle Oriente)

“Hoy no es la primera vez / que te amo tanto, Valeriana, / pero sí es la última vez /que vomito semen en tus encajes / bañados en sangre.” (El último polvo)

Su poesía tiene un aire de oscuridad, como ese que emanaba de los versos de José de Espronceda cuando dice: «Me agrada un cementerio / de muertos bien relleno, / manando sangre y cieno/ que impida el respirar, / y allí un sepulturero / de tétrica mirada / con mano despiadada / los cráneos machacar.» (La desesperación)

Bajo esa lógica y estilo, la brusquedad se expresa en su nivel más álgido en el poema “Valeriana” donde nos describe el pensamiento de las manos sanguinarias. Nos expone versos como: “Me arde la cabeza, Valeriana, de imaginar todo el frio / que has de sentir / en el corte de la garganta; y luego agrega “Te ves muy linda así desnuda y rapada / y abierta hasta el pecho, / hasta las costillas, / hasta los encajes, / Al fuego las sirenas se acercan: / voy a decirles que te mato por encargo tuyo, / que lo hago porque es tu cumpleaños. / Bien sabes mi amor, vos provocaste mi mano…”

«Valeriana» es un poema que me hizo recordar los versos de Charles Baudelaire donde habla directamente con la víctima de la muerte donde le dice: «cuando la tierra oprima tu carne perezosa / y tus flancos que el ocio con encanto a pulido / ni haya en tu corazón el amor, ni el latido / ni tus pies puedan ir tras ninguna cosa/ te dirá: “Cortesana de atractivos inciertos, / ¿de qué te vale ahora ignorar a los muertos?”/ Como un remordimiento te roerá el gusano.» (Remordimiento póstumo). Ambos se dirigen con lenguaje oscuro al cuerpo ya sin aliento.

Destacaré un aspecto narrativo de su poesía, es como si algunos de sus textos nos cuentan una historia, pero su lírica se encuentra tan bien trabajada que nos presenta un perfecto equilibrio que nos hace apreciar cada poema que no es contado sino cantado. Veamos algunos ejemplos de este detalle narrativo:

“A la orilla del cementerio / elevaron paredes / para construir una casa; bajo la cruz del hierro de su apellido/ se resguardaron por décadas.” (Familia sin apellidos)

“Él lleva en la frente / la estampa del desgaste de los años, / extiende los brazos por completo / y lanza un bastonazo al imbécil más cercano.” (Su apodo es “café amargo»)

“En una noche de calor / volvimos a sentir el hijillo / y el vapor de los hombres sin vida.” (La perra)

Por otra parte, aunque pareciera que es un texto cargado únicamente de pesadez y violencia, entre todas sus expresiones, nos planta frente a la cara la nostalgia y de pronto nos dice: “En noches como la de ayer, / de truenos y relámpagos / y ausencia de luz eléctrica / suelo preguntarme:/ qué tipo de calendarios y amigos/ dejé asomar a mis balcones/ después de que fui un niño sano y juguetón/ niño de calles de tierra/ y carritos de plástico”. (Alcohólico Anónimo)

Y esa misma nostalgia también se plasma cuando expresa: “Volveré al pasado / cien años atrás / al pueblo que amé / con el corazón abierto”. (El vengador)

Además, su lírica arroja aires de pesimismo, éste malestar se describe a cabalidad en “Todo”, donde de manera franca, y con un lenguaje honesto, el autor presenta una queja de lo inevitable de la existencia, “Sólo así reconocerán/ el cortocircuito epiléptico / que destilan los ojos / de los seres humanos muertos en vida / que un día se vieron siendo Licenciados / Abogados Doctores Negociantes / Ingenieros Policías / Bomberos/ pero que no sirvieron / ni para llegar a delincuentes de respeto, / ya que, en una noche de deriva, / todo se les fue por el drenaje del culo / de un solo trancazo.”

Reafirmo que su lenguaje no se mide por lo que no tiene temor de decir “culo, ano, mierda, puta, nalgas, semen”, porque al fin de todo, las palabras han sido colocadas de manera precisa, y su uso simbólico le da poder a su lírica, la vuelve directa y sin doblez.

Un ejemplo claro de lo anterior es cuando dice: “De la noche a la mañana / experimentaban la niebla: / les brotó lepra en el ano. / Hincados frente a la oscuridad profunda/ pidieron ayuda, / pero nadie respondió a sus plegarias.” (Familia sin apellidos) donde una expresión como “lepra en el ano” se ajusta perfectamente a la candencia de los versos.

Sin embargo, así como vasta es la naturaleza, la poesía de Fuentes navega de una costa a otra.  Y de un poema como Familia sin apellidos o Valeriana, llegamos a un poema como “El enamorado” donde el poeta expone: “El amor es ella desde hace meses, / y por su bienestar / doy de comer a las palomas / cuando me rodean en bandada / dócilmente seducidas por el viento.” Pareciera otro poeta, pero es Oscar Fuentes llevando su poesía de un campo árido a uno más florido.

Además, aunque es un mundo caótico, el autor hace un llamado a la conciencia por los necesitados, aunque aclara que todos somos los necesitados. Por ello dice: “Acerquémonos un poco/ al rostro del mendigo/ sentado en la acera de la esquina, / con sus ojos manchados/ por el hambre, / a sus eructos húmedos/ como el pan del cielo.” (Yo el mendigo) Sin embargo, ¿Quién es el mendigo? ¿Qué mendigamos? Porque acaso no somos nosotros los que requerimos de limosnas particulares como las que Fuentes agrega en este mismo poema: “A veces quisiéramos una cerveza/ o un pedazo de nalga de vaca el sábado al mediodía, / quisiéramos un pedazo de pastel/ cuando es nuestro cumpleaños.” 

La obra de Fuentes se hila de versos ensangrentados y fuertemente cargados de pesimismo, oscuridad, desasosiego, imágenes grotescas y hasta aquello considerado socialmente como «inmoral», que bien nos hace ver pequeños destellos del romanticismo oscuro.

Entonces, quien lea Caos, debe tener en cuenta que pilotará de tierras de nostalgias y pesares a tierra de violencia y muerte. Es una lectura que requiere de una mente abierta y consiente que, en la poesía, tan vasta como puede ser, no todo es miel y flores, sino también es sangre y pestilencia. Oscar Fuentes nos recuerda que en la vida y el amor no siempre hay felicidad.

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Javier Iraheta