El peligro del falso indigenismo

Las comunidades indígenas han sido discriminadas históricamente, relegadas en sus territorios ya que no son acordes a los procesos económicos y de desarrollo promovidos por los estados. Solo son visibles para las fotos y vídeos cuando se busca atraer turistas o inversión en materia cultural.

Existe un fenómeno de invisibilizar a los indígenas, fenómeno que se ve agravado por personas que asumen identidad de indígenas y usurpan sus patrones culturales o, peor aún, hacen una mezcla ilógica de distintas tradiciones que al final nos alejan de la verdadera identidad de nuestros indígenas y terminan de hundir mucho más a las comunidades originarias de nuestro país, por ser “poco llamativas”.

Podemos amar nuestros pueblos originarios, pero es importante reconocer que no todos somos indígenas. Es indudable que hay elementos genéticos o hereditarios, de lo contrario todos seríamos indígenas, afrodescendientes o españoles. Amar lo indígena no es delito, por el contrario, es digno de admirar, pero no es justificación para apropiarnos de su identidad.

Las verdaderas comunidades indígenas existen en nuestro país y pasan desapercibidas o marginadas porque no tienen los recursos y medios necesarios para ser escuchados, por el contrario, otros acaparan la atención con su vistosidad y reciben en muchos casos los recursos que por derecho les corresponde a los pueblos originarios.

Es nuestra obligación acompañar la lucha de reivindicación de los pueblos indígenas de El Salvador, pero asumiendo nuestro lugar, no robando su imagen ya que esto constituye una terrible falta de respeto o hasta un robo de su identidad.

De manera peligrosa, asumir identidad de indígena, además de relegar a segundo plano a los verdaderos indígenas, da paso a una amalgama de planteamientos fantasiosos que poco o nada tienen de relación con la cosmovisión indígena de nuestro territorio.

Lo cierto es que esa verdadera cosmovisión yace olvidada en ciertos cantones y pueblos, pero por ser demasiado “humilde”, no llama la atención y se queda solo como “cosa de los abuelos”, de esa manera se discrimina la verdadera visión de nuestros ancestros y se aceptan argumentos “grandilocuentes” pero alejados de nuestras raíces.

El riesgo de esta práctica es que terminará por perderse nuestra cultura original y nos quedaremos con ideas fantasiosas y coloridas tomadas de manera indiscriminada de aquí y allá. Terminaremos discriminando a “don Toño” y aceptando al “hermano ojo de halcón desplumando”.

Las comunidades indígenas no son un grupo de personas que hace eventos de entretenimiento para otros, no necesitan ser vistosos o portar trajes extravagantes para el disfrute de otros porque no son seres exóticos para el disfrute. Son comunidades que merecen respeto y la reivindicación de sus derechos.

Frente a este panorama de riesgo, es imprescindible la formulación de investigaciones antropológicas serias que sirvan de fundamento y protección de los pueblos indígenas. Y no seguir planteamientos sin fundamentos que alejan a los demás de nuestras raíces y se quedan en simples practicas vistosas y hasta sectarias. El conocimiento científico no tiene por qué ser un enemigo, por el contrario debe constituirse como una herramienta de protección de la cultura originaria frente al peligro de falsas visiones indígenas.

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