Enseñar donde no se quiere aprender

dia del maestro en el salvador

Cada 22 de junio se conmemora el día del maestro en El Salvador, es normal ver algunas felicitaciones, uno que otro presente y frases bonitas. Sin embargo, surge la pregunta ¿Es valorada y apreciada la labor docente?

A medida pasan los años los estudiantes dentro del sistema educativo parece que van perdiendo esa calidez hacia el maestro y la maestra, hasta que se convierte en el viejo o la vieja. Se ha construido un extraño desprecio latente y silencioso hacia los profesores.

En la sociedad salvadoreña, no se ve al docente como un individuo capaz de abrir  nuevos mundos, construir  pensamiento crítico y liberar de las mentes de sus estudiantes; por el contrario, ha sido relegado al que califica exámenes, tareas, pasa lista, vigila zonas en el recreo y firma certificados a fin de año.

Los estudiantes ven en sus profesores a individuos de los cuales necesitan un 10, 9 u 8 pero no existe una necesidad del conocimiento. Este fenómeno se resume en “lo que importa es pasar no aprender”.

Los alumnos suelen expresar frases como estas: ¿De qué me sirve saber qué es una metáfora? ¿Yo para qué quiero aprender sobre el trinomio cuadrado perfecto? ¿De qué me sirven la tabla periódica? Yo lo que quiero es un oficio para poder ganar dinero y comer, comprar cosas y vivir bien. Ése es el pensamiento de la sociedad salvadoreña, estamos lejos de ver el conocimiento en su forma más general y mucho más lejos de valorar el verdadero rol de los profesores en El Salvador.

Lo anterior es el resultado de un sistema que nos condiciona, construye y exige producir; es indispensable convertirnos en mano de obra. La delgada línea de la desigualdad social y económica depende de que el sistema educativo se limite a formar pequeños eslabones dentro de un monstruo económico que se engorda a costa de las grandes mayorías en miles de puestos laborales.

Ahora bien, hablar del mal imperante en el sistema educativo implica no sólo a los alumnos, también involucra al cuerpo docente que se ha hundido en esta vorágine que llamamos sistema educativo salvadoreño. Muchos de los docentes pasivamente han aceptado su rol prefijado y de poca importancia. Ya han aceptado muchos de ellos que sus esfuerzos son en vano y se han quedado a atiborrar de tareas y pasar alumnos, al fin y al cabo, el sistema así lo exige.

Así, día a día se van formando nuevas generaciones que han colocado al maestro como uno de los muchos obstáculos que se debe superar. Es una persona que se felicita ese 22 de junio, pero se desprecia los demás días del año escolar.

Entonces, ¿Qué hacer? La verdad es que solucionar esta visión tan arraigada requiere una reconstrucción de nuestro sistema educativo que se niega a dejar el sistema bancario y su función dentro del sistema económico desigual.

Los alumnos no quieren aprender porque no saben porque deben aprender realmente. Lo triste es que mientras la educación salvadoreña no de un cambio real, seguiremos igual porque no hay armas, ninguna cárcel o fuerza de seguridad que logre la transformación que puede generar la educación eficaz.

¡Nada podrá sustituir el trabajo de un verdadero educador!

Son tantos los aspectos a mejorar: mayor compromiso del sector docente, verdadera inversión económica, jubilación urgente, contratación de mentes frescas, una constante capacitación al magisterio y reformas estructurales.

Hoy,  día del maestro en El Salvador, debe ser un llamado a mejorar la formación de las nuevas generaciones, y si bien es importante la lucha por las mejores condiciones laborales, no se debe olvidar el poder de la educación que recae en las manos de aquellos que se les llama profesor, profesora, maestro o maestra.

Hoy es un día para reflexionar y luchar por ser mejor en un sistema educativo que ha configurado una sociedad que se niega a aprender y  que huye  de la enseñanza. Hoy es el día para demostrar que el arte de la enseñanza es vital y liberadora.

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